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Pasitos
cortos, zancadas largas. En remis, en colectivos, caminando
y hasta en bicicleta. De traje o de overol. Las realidades
de los millones que cada día utilizan el servicio
de trenes que va y viene desde el conurbano bonaerense
sur a Capital Federal son muy distintas. Pero en cada
estación, de Alejandro Korn a Temperley, de Ezeiza
a Lanús, es la misma. Estaciones mal acondicionadas,
amontonamiento, suciedad, inseguridad, atrasos, suspensiones,
bronca.
Según
estimaciones de la propia Secretaría de Transporte
de la Nación, las líneas metropolitanas
mueven alrededor de tres millones de pasajeros en un
día laboral cualquiera. Se trata de servicios
electrificados y traccionados que tienen una frecuencia
que varia de los seis a los 20 minutos, según
destinos y ramales.
Privatizada en 1994 durante la desregulación
del Estado orquestada por el entonces presidente Carlos
Menen, la línea Roca quedó en manos del
grupo Metropolitano, una empresa liderada por la familia
Iglesias, que además se quedó con el control
de la línea Belgrano Sur. La presidencia del
directorio la ejerce desde entonces el ingeniero Osvaldo
Iglesias.
La
magnitud de los servicios prestados por esta empresa
se refleja en algunos números. En total, el circuito
que recorren los trenes de TMR es de 304 kilómetros,
que realiza con unas 73 locomotoras, 297 coches remolcados
y 177 eléctricos. Se estima que por sus trenes
pasan más de 11.500.000 pasajeros por mes, y
que recorren sus 102 estaciones unos 1.075 coches por
día hábil.
Hasta
aquí, los fríos números. Pero salvo
el viento de invierno que entra por las ventas rotas
de algunos vagones, el resto de lo que atañe
al servicio de trenes de la región no tiene nada
de fresco. Las quejas por el deterioro del servicio
-luego de la crisis económica y social de diciembre
de 2001- se multiplicaron como reguero de pólvora.
En
una carta enviada a la Comisión Nacional de Regularización
del Transporte (CNRT), Osvaldo Bassano, presidente de
la Asociación de Defensa de los Derechos de Usuarios
y Consumidores (ADDUC), denunció un "total
estado de abandono" de las estaciones y trenes
de la ex línea Roca..
"La
situación del material rodante, señalización
y medidas de seguridad operativas, se encuentra en total
emergencia. Agregando a ello que la CNRT no controla
en debida forma, deja pasar las denuncias de todos los
usuarios y de las asociaciones y no formaliza las sanciones
del caso. Lo peor es que, en vez de asumir la responsabilidad
por el total abandono de la línea por parte de
la empresa, comienza a culpar a empleados, siendo que
la situación de todo el sistema es caótica",
expresó ADDUC en su denuncia.
EJEMPLOS
SOBRAN
Como
confirmado aquello de "como muestra basta un botón",
las denuncias de los usuarios de las estaciones de trenes
del conurbano se extienden en variedad y cantidad.
En
Lanús, por ejemplo, ADDUC le pidió al
municipio que intervenga de manera urgente ante el estado
de limpieza deplorable en que se encuentran las calles
linderas a la estación, "que ponen en riesgo
la salud de las personas que constantemente transitan
por dicho lugar".
En
especial, la asociación que preside Bassano remarcó
que "sobre la calle 29 de Septiembre es lamentable
el estado en que se encuentran ambas veredas, tanto
la que da sobre el ferrocarril como la de enfrente,
y ello se debe a que los comercios y personas en general
amontonan sobre la arteria grandes pilas de basura que
no son retiradas inmediatamente, comenzando su pronta
descomposición y olores desagradables".
Por
su parte, los usuarios advierten sobre la falta de seguridad
en horario nocturno del puente peatonal que cruza la
estación, y que une el lado este con el oeste
de la ciudad. Allí, se producen robos, arrebatos
e incluso muertes. Hace casi dos años, un hombre
fue asesinado cuando se resistió a un asalto.
En
Lomas de Zamora la situación no es muy distinta.
La acumulación de puestos de comida en ambos
andenes deteriora la limpieza del lugar, que luego de
las ocho de la noche se agrava por el cierre de los
sanitarios. Además, los puestos complican la
circulación de los pasajeros. De hecho, cuando
en horas pico llegan dos trenes de manera simultánea,
caminar por el puente peatonal o las salidas es casi
imposible. A esto se suman las largas colas de las boleterías
y la increíble decisión de la empresa
de hacer los accesos de circulación única,
es decir, una puerta para entrada y otra para salida.
Este
hacinamiento de pasajeros es para los especialistas
una verdadera "bomba de tiempo" en materia
de seguridad. De producirse un accidente grave, o la
necesidad de una evacuación de la estación
rápida, podría haber una catástrofe.
Un dato ilustra el espíritu de la empresa en
esta materia: donde debería haber una rampa para
ambulancias hay, por obra y gracia del combate contra
los "colados", una reja perimetral, una serie
de hierros "antievasión" y una pared.
Lo que se dice toda una política empresarial.
DE
ESO NO SE HABLA
Pero
Lomas o Lanús no son las estaciones que monopolizan
las denuncias. De manera curiosa, cada terminal tiene
un tema central de preocupación, salpicado por
las características generales que no se escapan
a ninguna.
Turdera,
por ejemplo, es tierra de arrebatadores y pungas, que
operan con total impunidad en el andén que va
hacia Plaza Constitución. Allí, aprovechando
el descampado lindero que da rápida salida y
el tramo largo que existe hasta Temperley, los ladrones
hacen de las suyas con los usuarios que bajan o con
los que viajan del lado de la ventanilla.
En
Adrogué, el túnel peatonal está
casi siempre inundado, según consta en la denuncia
de un vecino, Ramiro Vacca. Allí, la empresa
admitió que existen filtraciones en las paredes
que derraman agua en el piso del túnel, agua
que, con el paso de los días, se pudre. El panorama
es de imaginar: mal olor, dificultad para transitar
y otros inconvenientes.
En
Luis Guillón, los vecinos vienen reclamando por
la apertura de una boletería en el lado este,
ya que en la actualidad sólo funciona del otro
lado, y en horarios pico las colas son largas y las
demoras muchas.
Todos
estos reclamos son conocidos. Además de las asociaciones
de derechos de los consumidores, dos instituciones nacionales,
la Auditoria General (AGN) y la Defensoría del
Pueblo, realizaron informes durísimos sobre el
estado de los trenes.
Firmado
por su titular, Eduardo Mondino, la Defensoría
expresó su preocupación al respecto. En
un tramo de su documento, Mondito asegura que "en
lo que refiere al ramal Constitución-Ezeiza se
constató que, a partir de la privatización
del servicio, en todas las estaciones se cerraron muchos
accesos alternativos, lo que hace que las estaciones
sean inseguras en caso de que fuera necesario evacuarlas.
Esta situación, además, ha desmejorado
la accesibilidad de todos los usuarios que se ven obligados
a hacer recorridos más largos para ingresar o
egresar de las estaciones. Es notable la falta de consideración
por parte de la empresa hacia los usuarios discapacitados
especialmente. Sanitarios que formalmente existen, pero
que no están en condiciones de ser usados; falta
de señalización, y carencia absoluta de
la posibilidad de viajar en el servicio para personas
con movilidad reducida en la mayoría de las estaciones".
La conclusión de la Defensoría es tan
preocupante como contundente: el servicio tal como se
presta "es una sistemática violación
a los derechos humanos".
Este
panorama es similar al que plantea ADDUC en una denuncia
pública realizada sobre el estado general de
las estaciones, que además hace hincapié
en la falta de mantenimiento e inversiones para asegurar
un servicio eficiente y seguro. "Todos los ramales
tienen las vías sin el debido mantenimiento,
poniendo en riesgo de accidentes todas las formaciones
que corren, lo mismo que los vagones, tantos del servicio
eléctrico como del traccionado, que se encuentran
sin el debido mantenimiento. Las ruedas de los vagones
están fuera de los milímetros que internacionalmente
son necesarios como medida de seguridad, por lo que
son aptas para la ocurrencia de todo tipo de accidentes,
entre otras irregularidades".
AGUJERO
NEGRO
Por
lo antes descrito, parecería que el servicio
de trenes es un negocio en franca decadencia. Pero las
apariencias engañan. La rentabilidad de la empresa
está garantizada a partir de la política
de subsidios que los distintos gobiernos, a partir de
la privatización, tuvieron con TMR y otras similares.
Un
informe presentado el año pasado ante la Cámara
de Diputados de la Nación indica que el sector
ferroviario privatizado recibe anualmente 700 millones
de pesos de subsidios directos, a través del
denominado Fondo Vial.
Según
información brindada desde el Congreso, este
Fondo Vial está constituido por organismos como
el Sistema de Infraestructura de Transporte (SIT) y
el Sistema Integrado de Transporte Automotor (SISTAU),
entre otros organismos.
La
falta de controles sobre estos subsidios, sumada a la
arbitrariedad de estas adjudicaciones, hace que el dinero
público, destinado inicialmente a lograr una
maximización del servicio, sirva sólo
para mantener la rentabilidad de la empresa que lo recibe.
En
estos momentos, como en el caso colectivos (donde para
mantener el boleto sin aumentos se está subsidiando
el precio del gasoil además de unos cuantos millones
de pesos más), la plata estatal se pierde en
tapar agujeros hechos por la misma empresa.
En
esta situación general se encuentra la versión
2006 de los trenes del conurbano sur, sin demasiados
cambios con respecto a otros años. En el medio,
como siempre, la gente. Apretada, malhumorada, vulnerada.
La costumbre, dicen, es la peor forma de la injusticia.
El
caso Temperley: te veo, pero no te oigo
Si
existiera un método para medir la indignación
de la gente, éste mostraría a los usuarios
de la estación de trenes Temperley muy cerca
de la cima. Esta gran terminal ferroviaria, que recibe
formaciones de todas las direcciones, incluso del interior
de la provincia de Buenos Aires, está en la actualidad
en un estado lamentable y sin solución.
Falta
de alambrado perimetral, suciedad, puentes peatonales
colapsados de pasajeros, son algunos de los problemas
de quienes utilizan la estación. Como en otros
casos, la estación comenzó a caer en una
especie de parálisis indignante.
Por
eso un grupo de vecinos, junto con ADDUC, comenzó
a juntar firmas para presentar ante TMR para solicitar
una respuesta inmediata al problema. Luego de un tiempo,
y ante la presentación de unas 1.500 firmas,
la empresa se dignó recibir a los vecinos.
"El
reclamo se hizo ante TMR, la municipalidad y la CNRT,
por el estado de la seguridad, limpieza e higiene, baños,
rampa para discapacitados, señalizaciones y prevención
de accidentes", le explicó a este medio
Osvaldo Bassano.
Como
respuesta, la empresa organizó una reunión
con usuarios y miembros de ADDUC, a la que incluso fueron
invitados medios de comunicación. La gran ausencia
fue la de la municipalidad lomense.
"Se recorrió todo el perímetro de
la estación demostrando los grandes basurales
dentro y fuera de la estación, la falta de limpieza
no solo en los andenes sino también en todos
los locales y negocios colocados dentro de la misma,
la total falta de prevención de accidentes y
de un correcto acceso a la estación y sus inmediaciones",
confirmó Bassano.
La
empresa informó que realizaría un informe
con las obras y daría una respuesta en el término
de una semana. El silencio posterior fue elocuente.
Quienes viajan vía Temperley saben que las respuestas
no llegaron. Que los males siguen y, lo que es peor,
se agravan. Todo, al mejor estilo de una vieja película
muda: te veo, pero no te escucho.
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