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Por
Ricardo Carossino
Ricardocarossino@politicadelsur.com.ar
Ante
la derrota legislativa del Gobierno, las voces
de la oposición salieron a hacer sus análisis
de la situación y empezaron a plantarse
en posiciones más confiadas y sólidas,
de cara a lo que viene.
En
un análisis liviano, todo indicaría
que Elisa Carrió quedó bien parada
por la exposición pública que tuvo
y el nivel de involucramiento con el sector del
campo, pero hay otra lectura que tal vez termine
jugando a favor de Mauricio Macri.
A
diferencia del jefe de gobierno porteño,
que mantuvo un apoyo al campo sin gran exposición
mediática, Carrió quedó pegada
a figuras de un peronismo que ella misma combatió,
como Luis Barrionuevo y Eduardo Duhalde y quienes
logren madurar políticamente esa imagen
inevitablemente terminarán dándole
la espalda.
Si
bien Macri tiene una línea indirecta con
Duhalde, a través de Francisco De Narvaéz,
supo estar al margen de las pasiones y logró
pararse del lado ganador, pero habiendo tenido
la precaución de no quedar salpicado por
una resolución distinta de haber ganado
el Gobierno, eludiendo así la mancha de
la derrota, como sucedió con Ricardo López
Murphy.
Pero
la cosa se resolvió para el lado que más
le conviene a Macri, y así la presidente
Cristina Fernández decidió dejar
sin efecto la resolución 125, que había
creado el régimen de retenciones móviles,
origen del conflicto de casi cuatro meses con
el campo.
De
esta manera, se volverán a poner en vigencia
las resoluciones 368 y 369 de noviembre del año
pasado, que fijaban en un 35 por ciento fijo el
pago de los derechos de exportación de
soja.
Política del Sur entrevistó al ministro
de Hacienda porteño, vicepresidente del
PRO bonaerense y líder del partido en Lanús,
Néstor Grindetti, quien hizo un extenso
análisis del escenario inflacionario, pero
sin dejar de dar definiciones políticas,
luego de un conflicto que para algunos llegó
a su fin, y que para otros, como la Federación
Agraria, aún no terminó.
Grindetti
apeló a la crítica, pero sin un
perfil triunfalista, lo que denota la estrategia
política de Macri, de mantener un rol lateral,
demandante de respuestas, aunque construyendo
una imagen de oposición no negativa.
El
discurso que eligió el PRO, en este caso
a través de Grindetti, para pararse en
este escenario posconflicto, tiene un fuerte componente
republicano con aires discursivos del ex presidente
Raúl Alfonsín, que en la campaña
de 1983 salió a hablar a los peronistas
de una manera positiva para captar esos votos.
¿Qué
opinión le merece la resolución
del conflicto entre el campo y el gobierno?
- Creo que la manera en que se resolvió
es una corriente de aire fresco para la sociedad,
y esto demostró que la República
Argentina está viva y es algo que, si el
gobierno lo capitaliza, será bueno para
todos.
Mauricio
Macri manifestó que el gobierno tiene sacar
lo positivo de un trance negativo: "cuando
se pierde, se gana", expresó...
- Absolutamente, e insisto, uno de los problemas
que hay en la Argentina es la institucionalidad
y ayer funcionó como debe funcionar. Así
se tienen que discutir las cosas y cada uno votó
como su conciencia lo indicaba.
¿Está
bien que no haya las retenciones?
- La derogación de la 125 no implica que
no haya retenciones, porque nadie dice que no
se cobren más retenciones, sino que se
cobren de otra forma y se coparticipen para todo
el país.
¿Cree
que algún sector político saca mayor
rédito político que otro, mirando
la oposición?
- Creo que pensar en sacar un rédito político
sería muy mezquino. Lo que sí hay
que hacer es capitalizarlo en el buen sentido.
La gente está contenta porque funcionó
la república. Lo pueden capitalizar el
gobierno y la oposición, en tanto y en
cuanto uno no se deprima y el otro no se ponga
en triunfalista. Hay que destacar que acá
funcionó un mecanismo que, lamentablemente,
en la Argentina, viene funcionando mal. Ayer funcionó
bien.
¿El
gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel
Scioli, tendrá que pagar algún costo
político?
- Todos los que, de una u otra manera, apoyaron
la resolución 125 quedarán debilitados
porque defendieron algo que a todas luces es indefendible.
¿Este
contexto nacional repercute en el nivel municipal,
haciéndole perder fuerza política
al intendente de Lanús, Darío Díaz
Pérez?
- No creo que el intendente Díaz Pérez
vaya a perder fuerza política, pero tampoco
lo sé a ciencia cierta. Sí perderá
dinero, porque acá en el conurbano están
todos acostumbrados a que si se portan bien con
el Presidente, el gobierno los premia con la "kajita"
feliz. Ahora la "kajita" estará
más vacía y se sentirá, porque
en Lanús, donde el gobierno municipal no
está haciendo nada, ahora hará menos.
¿Derogar
la resolución 125 tiene algún efecto
positivo en el bolsillo de la gente?
- En realidad, todo esto tiene un efecto en el
bolsillo de la gente, pero es más complejo.
Lo que sí pasará es que, si la 125
no se aplica, caerán las retenciones y
el gobierno tendrá que bajar rápidamente
el gasto público, porque si entramos en
zona de déficit con la inflación
que tenemos, podemos ir a un terreno mucha más
grave e importante.
¿Cómo
explica usted la inflación?
- En 2003, el mundo empujaba a la Argentina a
un destino de crecimiento, pero había indicadores
que alertaban sobre la realidad que se venía
y que ahora se manifiesta.
¿Qué
indicaban esas alarmas?
- Esas alarmas indicaban que el gasto público
estaba creciendo en demasía, había
inseguridad jurídica, empezaba a palparse
la crisis energética y los subsidios que
daba el gobierno eran desmedidos y eso costaba
mucha plata y traía problemas. Había
otro indicador que hablaba de falta de inversión
y por lo tanto de falta de crecimiento en la capacidad
instalada.
¿Cómo
cree que actuó el Gobierno?
- Creo que actuó mal. Muchos nos preguntábamos
dónde está el piloto, porque ante
esas alarmas e indicadores también nos
preguntábamos por qué no hacían
nada. Mientras desde lo político lo único
que hacían era incrementar cada vez esa
problemática.
¿Cuál
es la situación actual?
- Ahora estamos en un proceso inflacionario que
no es más que el aumento constante y generalizado
de una economía. La inflación tiene
dos orígenes. Cuando la demanda es mayor
que la oferta y cuando su origen es monetario.
El origen monetario es cuando el Gobierno emite
mucho dinero y la producción no aumenta.
O sea, en estos momentos estamos en un problema
estructural serio que impedirá el crecimiento
de la Argentina, por lo menos al ritmo que el
Gobierno venía pugnando para que ocurriera.
¿Cómo
supera la oferta a la demanda?
- Imaginemos que hay un productor que fabrica
dos latas de tomates por año y hay dos
consumidores con un peso cada uno, hasta ahí
la oferta y la demanda están equilibradas.
De pronto, de la nada, aparece un tercero que
quiere comprar una lata de tomate y el productor
no puede fabricar más de dos, este tercer
consumidor le ofrecerá al productor pagar
más. Empieza así una puja entre
los tres consumidores para ver quién ofrece
más y así el precio de la lata de
tomate sube. Así la demanda es mayor y
la oferta de latas de tomates no puede abastecer
esa demanda.
¿Esto
por qué sucede?
- Cuando el país creció, como veníamos
de una recesión, había capacidad
instalada para cubrir esa demanda, pero cuando
por el crecimiento económico aumentó
la demanda, la oferta respondió hasta un
límite y ya no pudo abastecer el mercado.
Ahí se empezaron a notar los primeros síntomas
de la inflación.
¿Y
las empresas no invirtieron?
- Las empresas, que tenían la posibilidad
de ver lo mismo que veía el ex presidente,
o sea, las alarmas y los indicadores, decidieron
no invertir, además notaban la inseguridad
jurídica, porque el Gobierno dejó
de respetar los contratos de largo plazo que tenía
con las prestadoras de servicios y empezó
a ser muy fuerte la presión sindical. Por
otra parte, Brasil, Chile y Perú ofrecían
mayores facilidades de inversión.
¿Qué
pasó con el peso?
- Hubo una fuerte devaluación del peso
de uno a tres, y eso fue una presión de
la Unión Industrial y esa es una manera
fácil de lograr competitibilidad, por lo
cual los mismos productos que se demandan en el
mercado interno, se demandarán en el mercado
externo por su bajo costo para la importación
de otros países. Hubo mayor consumo porque
se bajaron las tasas de intereses y se aumentó
el salario nominal.
¿Está
mal que la gente gane más?
- No está mal ganar más porque todos
queremos eso, además de que no está
mal que las tasas de interés bajen, y está
bien que los jubilados ganen más. Lo que
hay que prever son las consecuencias. El Gobierno
no puede decir que todo el mundo gane más
y cuando la gente sale con ese dinero a comprar
resulta que no hay productos para vender. Además,
en la Argentina hay una propensión muy
baja al ahorro porque siempre estamos saliendo
de un período de recesión.
¿Qué
hizo el Gobierno mientras tanto?
- El Gobierno aumentó el gasto público
y así se convirtió en un demandante
más. Cuando hace una obra pública
está demandando cemento y hierro. También
cuando manda comida a un comedor escolar está
demandando alimentos.
¿Usted
ve mal que un gobierno gaste en alimentar a los
sectores más vulnerables?
- No, para nada, eso no está mal. Hay cosas
que están bien. Pero cuando la demanda
se hace muy fuerte, en un contexto de crecimiento,
genera una retroalimentación de la inflación.
¿Qué
lectura tiene de los subsidios?
- Al Gobierno no le gusta que en los titulares
salga que aumentaron los servicios. Entonces subsidia
indiscriminadamente el transporte, el gas, la
luz, los combustibles y hasta los pasajes aéreos.
Este el mayor problema que presenta este Gobierno.
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