Semanario Político de la Tercera Sección

- Opinión -

OPINION - HISTORIA POLITICA
La plaza vacía - por Mario Marolla
Mario Marolla es Periodista y Sociólogo. Especialista en educación de adultos. Director-fundador de Revista Lomas y Buenos Aires 17. Conductor de "El Ojo del Faro" por Radio Nacional.

Es cierto que el abuso de iconografías, ceremonias y discursos de ocasión, más que alentar hieren el sentido de los hechos históricos que evocan los días conmemorativos y desplazan su ejemplaridad por el ritual canónico, vacío y rutinario.

En este caso, el título como eje de esta nota apunta a otra cosa, no ya como indicador de un espacio urbanístico y hasta ocioso, sino como variable de resolución colectiva de las demandas sociales y políticas que el azar o la necesidad han convertido en constituir "históricas". Y no será forzándolas como adquieran ese carácter, sino porque sus consecuencias enmarcarán su vigencia, sentido y configurarán su proyección hasta nuestros días y, seguramente, los futuros.

¿Quién desconoce el valor consagratorio del Ágora ateniense para la primera democracia occidental REAL que encarnaría en la polémica y en el diálogo su sustento y su requisito?

Y en todo caso, lejos de las manipulaciones, será espacio de las movilizaciones, no siempre ejemplares, que legitiman la voluntad colectiva o, por el contrario, las anulan, como en Zianamen o en Zlatelolco. O en su faz casi redentora, constituyen el germen y el "rumbo compartido" de un nuevo PROYECTO, desde aquel 25 de Mayo prolongado por otros días ya emblemáticos de nuestra historia.

Nuestra "Plaza vacía" no es una metáfora aprovechable si no se la ancla en la imagen paradigmática de los trabajadores con "las patas en la fuente" de Plaza de Mayo, o en el abandono o desafección política de toda la sociedad argentina o, al menos, de gran parte de ella en los ´90 y que hoy se intenta remover tímidamente.

Porque, en todo caso, no se trata de calcar la historia, sino de hacerse de ella para desplegarla siempre.
Así lo cuenta Salvador Ferla, con drama y humor:

"Sobran las palabras. Hace rato que sobran las palabras. Sin más dilación mandan llamar a los hombres propuestos para que presten juramento. El nombramiento le crea al doctor Moreno, ajeno a todo y designado sin previo asentimiento, un verdadero tormento. Derrotado junto a Álzaga el año anterior, el destino le ofrece una inesperada oportunidad de gloria, pero con riesgos graves e imprevisibles. Encerrado en su habitación medita, medita y vuelve a meditar. ¡Francamente era como para pensarlo! Al fin se decide afirmativamente, pero por precaución, se presenta a la Real Audiencia solicitándole dictamine sobre la legalidad de su nombramiento.
A Saavedra le parece una falta de ética aceptar la presidencia después de haber renunciado como vocal del efímero gobierno anterior. Por eso, no sea cosa que lo tomen por ambicioso, deja constancia en acta que él no desea el cargo que le ofrecen. Azcuénaga, indeciso, sugiere que la nueva autoridad sea ratificada por un plebiscito.
Saavedra dice unas palabras de circunstancias, y luego se asoma al balcón para arengar a los entusiastas que aún están allí, batiendo el record de permanencia en Plaza de Mayo. Los exhorta a la unión y la fraternidad, y a respetar al ex virrey y su familia, que en esos momentos están acomodando sus ropitas para mudarse "sin protestas", como les recomendó el Cabildo.
Esa noche, con salvas de artillería, repique de campanas y una justificada "iluminación extraordinaria", el gobierno se traslada a la Fortaleza, donde nuevamente comienzan a desfilar las mismas caras de antes, repitiendo sus felicitaciones. No creo que a Cisneros le cause gracia aquello de utilizar su sueldo para costear la expedición armada al interior; pero de todos modos, como el trato que recibe es cortés, y como no tiene otra alternativa, firma una circular dirigida a los gobernadores-intendentes dándoles cuenta, sin objeción, del cambio de autoridades.
La juventud liberal y los "militares de la reconquista" han puesto fin al régimen colonial. La Real Audiencia cierra sus puertas en señal de disgusto.


Es posible que el abuso de iconografías, ceremonias, protocolos y discursos desencarnen la memoria colectiva a la que se intenta apelar toda vez que el calendario -no siempre escolar- propone recordar más o menos activamente una fiesta histórica sensible a la estructura del sentir que lo configura y explica el sentido y la vigencia de su proyección histórica.

Desposeídos de ello, y próximos a simular los atajos mágicos que los exaltan ciclotímicamente, este nuevo 25 de Mayo no debiera cumplir el rito que lo asedia, sino enmarcar celosamente el papel y la misión que se impusieron, aun contradictoriamente, sus protagonistas, la mayoría absolutamente anónimos, aunque presentes.

Así lo sería siempre y no sólo en referencia a otros momentos no necesariamente vinculados con las decisiones que suelen advertirse como "bisagras" de la historia, tantas veces canonizadas estúpidamente por malabaristas antes que por investigadores y/o por constructores de su tiempo y de su sociedad y del espacio en que tuvieron que actuar, sin medrar con ventajas y oportunidades calculadas.

Una y otra vez, pues, pareciera ineludible que la fecha inaugural de nuestra emancipación tuviera a Mariano Moreno como paradigma, menoscabándose el protagonismo de Saavedra y Castelli entre otros.
Pero justamente la propia historia se encargaría de reconocerlo.

 

 

 

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