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Por
Marcos Morales - Especial para Política del Sur
marcosmorales@politicadelsur.com.ar
Luego
de la faraónica Plaza del 25, la primera sensación
importante es que el país se volvió definitivamente
"K". En sentido estricto, ese día,
utilizando una metáfora kafkiana, el escenario
político vivió una "metamorfosis
colectiva". ¿Qué se entiende por
esto? La jornada sirvió ya no para alinear los
apoyos, como un mero acto partidario, sino para transformar
un pasado dudoso en futuro auspicioso. Purificadora,
la Plaza bendijo a todos los seguidores del señor
K, sin distinción de procedencias o prontuario
y los lanzó a la aventura reeleccionista. Todos
juntos, y en un día.
La
metamorfosis de algunos sectores hace pensar en el cuento
de Kafka, pero de una manera inversa. Si el escritor
checo habló de un hombre devenido en cucaracha,
acá -sin volvernos extremadamente duros- podemos
ver algunas cucarachas que se quieren transformar, por
la magia de la Plaza, en honestos comerciantes.
En
este panorama, algunos líderes de grupos sociales
no escapan a esta transformación, encabezados
por el siempre chocante Barrionuevo, la troupe del PJ
bonaerense y otros personajes. El pase a los sectores
K fue para algunos un trayecto sin escalas, mientras
que otros realizaron un paso a paso al estilo racinguista.
Fortalecidos por la presencia de Felipe Solá,
los piqueteros oficiales están confirmados como
parte del ejército de movilización del
gobierno. Pero disciplinar las filas no es tarea sencilla
para los generales.
El
camino recorrido por el referente de Barrios de Pie,
Jorge "Huevo" Ceballos, es un ejemplo. En
otros tiempos, desde una conferencia de prensa realizada
luego de los asesinatos de Kosteki y Santillán,
denunciaba la complicidad del gobernador Solá
en la masacre. Las elecciones, su puesto en el Ministerio
de Desarrollo Social y el apoyo mostrado por el gobierno
para el manejo de los planes sociales cambiaron la orientación
del dirigente, hoy primera espada entre los piqueteros
oficialistas.
Como
en el caso de Ceballos, el hombre de la Federación
de Tierra y Vivienda, Luis D'Elía, no esconde
sus simpatías K. Impulsor de la separación
de los grupos de desocupados, fue visto siempre por
el gobierno como estratégico para sus aspiraciones,
ya que por un lado es fuerte en una zona clave como
La Matanza, y además sirve como portavoz de algunas
críticas que desde el Estado no se pueden hacer.
Así, fue el hombre de la ruptura con Eduardo
Duhalde y quien enfrentó con dureza al campo.
Edgardo
De Petris llegó al gobierno vía Hugo Chávez,
presidente venezolano. Los planes estratégicos
del líder bolivariano en la región hicieron
que la relación con la Argentina sea clave en
el armado de poder regional. De esa manera, con los
prometidos -y hasta ahora bastante escasos- "petrodólares"
del Caribe, varios dirigentes antes opositores comenzaron
la metamorfosis K. Además de De Petris, que deberá
ahora afrontar un conato de fractura en la CTA, hay
dirigentes armando alianzas para el gobierno, con casos
extremos como la ahora ministra de Defensa, Nilda Garré,
y la embajadora ante Venezuela, Alicia Castro, que ganaron
terreno en esta conjunción, recomendadas por
el propio Chávez.
Más
allá de los currículos de cada dirigente,
el tema del consenso que genera la política K
en los movimientos sociales se da en un escenario regional
que actúa en dirección inversa. Mientras
organizaciones como el Movimiento Sin Tierra (MST) en
Brasil o sectores más izquierdistas del Frente
Amplio uruguayo se diferencian claramente de sus gobiernos
en materia social, en la Argentina los piqueteros oficiales
cada vez están más identificados con el
Estado. ¿Cómo? Con el uso indiscriminado
de los planes sociales, con la aparición de agrupaciones
o frentes -transversales, dirán desde el gobierno-
que responden a las necesidades de movilización
oficial.
La
aparición de Libres del Sur es el mejor ejemplo.
Con una estirpe más "izquierdista",
busca generar identidad K entre los desocupados. Estos
sectores, acostumbrados al reclamo de izquierda -que
puede resumirse en una especie de dicotomía entre
"revolución o nada"-, encuentran menos
chocante la entrada al oficialismo en agrupaciones como
la creada por Barrios de Pie, que -dicho sea de paso-
usurpó su nombre a otra organización contraria
al gobierno K.
Para
terminar con la metáfora kafkiana, aquel honesto
comerciante vuelto insecto termina muerto avergonzado
por su propia forma, pero consciente de sus propios
modos. En esto, parece, el gobierno y sus movimientos
sociales no se asemejan. Porque si no, algunos -como
Alberto Fernández y su suplente Elena Cruz, por
si alguien olvida que compartieron lista- pueden pasar
por honestos comerciantes. Y todo, por obra y gracia
de la bendita Plaza.
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