Semanario Político de la Tercera Sección

- Informe Especial-

INFORME
Movimiento social e identidad K: la nueva metamorfosis
Mientras organizaciones como el Movimiento Sin Tierra (MST) en Brasil o sectores más izquierdistas del Frente Amplio uruguayo se diferencian claramente de sus gobiernos en materia social, en la Argentina los piqueteros oficiales cada vez están más identificados con el Estado.

Por Marcos Morales - Especial para Política del Sur
marcosmorales@politicadelsur.com.ar

Luego de la faraónica Plaza del 25, la primera sensación importante es que el país se volvió definitivamente "K". En sentido estricto, ese día, utilizando una metáfora kafkiana, el escenario político vivió una "metamorfosis colectiva". ¿Qué se entiende por esto? La jornada sirvió ya no para alinear los apoyos, como un mero acto partidario, sino para transformar un pasado dudoso en futuro auspicioso. Purificadora, la Plaza bendijo a todos los seguidores del señor K, sin distinción de procedencias o prontuario y los lanzó a la aventura reeleccionista. Todos juntos, y en un día.

La metamorfosis de algunos sectores hace pensar en el cuento de Kafka, pero de una manera inversa. Si el escritor checo habló de un hombre devenido en cucaracha, acá -sin volvernos extremadamente duros- podemos ver algunas cucarachas que se quieren transformar, por la magia de la Plaza, en honestos comerciantes.

En este panorama, algunos líderes de grupos sociales no escapan a esta transformación, encabezados por el siempre chocante Barrionuevo, la troupe del PJ bonaerense y otros personajes. El pase a los sectores K fue para algunos un trayecto sin escalas, mientras que otros realizaron un paso a paso al estilo racinguista.
Fortalecidos por la presencia de Felipe Solá, los piqueteros oficiales están confirmados como parte del ejército de movilización del gobierno. Pero disciplinar las filas no es tarea sencilla para los generales.

El camino recorrido por el referente de Barrios de Pie, Jorge "Huevo" Ceballos, es un ejemplo. En otros tiempos, desde una conferencia de prensa realizada luego de los asesinatos de Kosteki y Santillán, denunciaba la complicidad del gobernador Solá en la masacre. Las elecciones, su puesto en el Ministerio de Desarrollo Social y el apoyo mostrado por el gobierno para el manejo de los planes sociales cambiaron la orientación del dirigente, hoy primera espada entre los piqueteros oficialistas.

Como en el caso de Ceballos, el hombre de la Federación de Tierra y Vivienda, Luis D'Elía, no esconde sus simpatías K. Impulsor de la separación de los grupos de desocupados, fue visto siempre por el gobierno como estratégico para sus aspiraciones, ya que por un lado es fuerte en una zona clave como La Matanza, y además sirve como portavoz de algunas críticas que desde el Estado no se pueden hacer. Así, fue el hombre de la ruptura con Eduardo Duhalde y quien enfrentó con dureza al campo.

Edgardo De Petris llegó al gobierno vía Hugo Chávez, presidente venezolano. Los planes estratégicos del líder bolivariano en la región hicieron que la relación con la Argentina sea clave en el armado de poder regional. De esa manera, con los prometidos -y hasta ahora bastante escasos- "petrodólares" del Caribe, varios dirigentes antes opositores comenzaron la metamorfosis K. Además de De Petris, que deberá ahora afrontar un conato de fractura en la CTA, hay dirigentes armando alianzas para el gobierno, con casos extremos como la ahora ministra de Defensa, Nilda Garré, y la embajadora ante Venezuela, Alicia Castro, que ganaron terreno en esta conjunción, recomendadas por el propio Chávez.

Más allá de los currículos de cada dirigente, el tema del consenso que genera la política K en los movimientos sociales se da en un escenario regional que actúa en dirección inversa. Mientras organizaciones como el Movimiento Sin Tierra (MST) en Brasil o sectores más izquierdistas del Frente Amplio uruguayo se diferencian claramente de sus gobiernos en materia social, en la Argentina los piqueteros oficiales cada vez están más identificados con el Estado. ¿Cómo? Con el uso indiscriminado de los planes sociales, con la aparición de agrupaciones o frentes -transversales, dirán desde el gobierno- que responden a las necesidades de movilización oficial.

La aparición de Libres del Sur es el mejor ejemplo. Con una estirpe más "izquierdista", busca generar identidad K entre los desocupados. Estos sectores, acostumbrados al reclamo de izquierda -que puede resumirse en una especie de dicotomía entre "revolución o nada"-, encuentran menos chocante la entrada al oficialismo en agrupaciones como la creada por Barrios de Pie, que -dicho sea de paso- usurpó su nombre a otra organización contraria al gobierno K.

Para terminar con la metáfora kafkiana, aquel honesto comerciante vuelto insecto termina muerto avergonzado por su propia forma, pero consciente de sus propios modos. En esto, parece, el gobierno y sus movimientos sociales no se asemejan. Porque si no, algunos -como Alberto Fernández y su suplente Elena Cruz, por si alguien olvida que compartieron lista- pueden pasar por honestos comerciantes. Y todo, por obra y gracia de la bendita Plaza.


 
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