Por
Diego Lanese
diegolanese@gmail.com
Apenas
uno techos bajos, castigados por las lluvias
y el viento, marcan el comienzo del terreno
donde unas 300 familias se asentaron hace unas
semanas, cansadas de no obtener respuestas a
sus reclamos por un lugar donde vivir. Sin otra
posibilidad, los vecinos tomaron esas tierras
ubicadas en el límite con el barrio Los
Pinos, en Longchamps, a la espera de que la
Municipalidad local se las ceda o, por lo menos,
interceda para acelerar el proceso de expropiación.
Sin embargo, pese a varias reuniones y una marcha
al centro de Adrogué, el peligro del
desalojo sigue vigente y denuncian amenazas
y "aprietes" de parte de la policía.
Luego
de un intento fallido de toma a principios de
febrero, vecinos de varios barrios decidieron
tomar el terreno en la zona conocida como Las
Lilas, unas 20 hectáreas ubicadas en
Espora y Ezeiza, en el barrio Los Pinos. Según
relataron, las familias provienen de barrios
aledaños, que por las condiciones de
hacinamiento y la falta de servicio se encuentran
al borde del colapso. ""En febrero,
un grupo de vecinos avanzó sobre los
terrenos, casi 20 hectáreas de descampado
y abandono en calle Espora y Ezeiza. Fueron
desalojados dos veces por la policía,
suponemos que un fiscal actuó de oficio.
El 14 de febrero los vecinos vuelven a tomar,
conscientes de que hacía falta organización
para poder sostener la toma", relató
a Política del Sur Nora Pereyra, delegada
vecinal. Una vez ejecutada la toma, se comenzó
a reclamar el blanqueo de los terrenos, para
saber si tenían dueños y, de ser
así, una ayuda para poder acceder legalmente
a ellos.
Con
el apoyo de la CTA local y otras organizaciones,
los vecinos sostuvieron la toma y reclamaron
al gobierno municipal que interviniera. Luego
de una primera reunión, se acordó
que la Secretaría de Gobierno buscaría
a los dueños. Pero como esto no ocurrió,
hubo una marcha para reclamar soluciones. "Negociamos
directamente con los dueños de los terrenos,
lo que pedimos es que el Intendente te ponga
al frente de esta negociación, ya habíamos
advertido que esta toma era una bomba de tiempo,
pero no tuvimos una respuesta clara del municipio.
Nos estamos organizando con mucho esfuerzo,
estamos dando de comer desde el centro comunitario,
a la comuna le pedimos agua", recordó
Pereyra.
Reunión
y acuerdo
Luego de la movilización, los representantes
vecinales firmaron un acuerdo para darle un
mes al municipio para rastrear los datos catastrales
de los terrenos; para ese encuentro, los vecinos
prometieron llevar una base de datos de las
familias sin techo que forman parte del asentamiento
o tienen problemas de vivienda en barrios de
alrededores. Mientras tanto, siguen movilizados
pidiendo la ayuda de todos. "Mientras fortalecemos
la organización, gestionamos reuniones
con los diputados provinciales Juan José
Cantielo y Laura Berardo. También nos
reunimos con Roberto Cristófano, secretario
de Derechos Humanos del Municipio, reunión
que podemos considerar positiva, al igual que
contamos con la excelente predisposición
del funcionario del área de empleos Ángel
Akike", reconoció la delegada.
Mientras
esperan, la vida en la toma es dura. Sin servicio,
con el hostigamiento policial -los vecinos denunciaron
detenciones indiscriminadas y amenazas- vivir
en Las Lilas es todo un desafío. "Hace
dos años que hemos hecho un relevamiento
en el barrio y vemos un hacinamiento impresionante.
Hay una gran cantidad de familias de desocupados
que no tiene acceso a la tierra. Consideramos
que la tierra y la vivienda son un bien social
y luchamos por ello. La gente quiere comprar
los terrenos, acceder a su propiedad, desde
hace dos años hemos pedido información
catastral y nunca nos la dieron", aseguró
Pereyra. Las condiciones llegan incluso a casos
extremos, como los de 12 personas, entre adultos
y niños, compartiendo una casilla.
"Nosotros
le pedimos al municipio los datos catastrales,
hace 40 años que están abandonados
estos terrenos, la gente denunció muchos
delitos, y ahora no tienen ningún servicio
para vivir dignamente, ni iluminación
hay", afirmó Pereyra.
Por
ahora, la calma sobrevuela el terreno. Pero
los vecinos saben que la situación está
lejos de solucionarse. "Sabemos que en
estos momentos las actitudes de progresismo
no se declaman, se ejercen y se demuestran en
la lucha. Comenzamos a instalar el nombre de
Toma de Longchamps y proyectando cine o haciendo
música alrededor de la comida compartida
van surgiendo las capacidades de los compañeros
y compañeras, los gestos de solidaridad
y la plena convicción de que sin organización
y firmeza no llegaremos a la victoria",
afirmó Pereyra, con más entusiasmo.
Es que al calor de las ollas compartidas, los
lazos solidarios se consolidan. Sin apuros ni
presiones. Y se sabe que, como recuerda el gran
Daniel Viglietti, "no hay
nada más tranquilo que un pueblo haciendo
su historia".