Por
Marcos Morales
Especial para Política del Sur
Esteban
Echeverría vivió un cambio
de agenda mediática casi drástico
en la última semana, cuando otra
vez la seguridad se hizo dueña
de la escena. Los casos de los policías
acusados de pedir coimas y armar causas
en la comisaría de El jagüel
sacudieron, no sólo a la opinión
pública del distrito, sino a todo
el país, ya que volvió a
abrir un fuerte debate en torno a la policía.
Pero, además, la noticia sobre
la detención del ex presidente
del Foro Municipal de Seguridad Cristián
Miño, acusado de circular con un
auto robado, terminó por ahondar
una sensación que viene desde hace
un tiempo: nadie se ocupa de la seguridad
en el distrito.
La
pregunta de en manos de quién está
el cuidado de los vecinos sonó
en casi todas las mesas echeverrianas,
ya no como una pregunta con tintes desesperados,
sino más bien como una retórica
resignación. Si policías
y funcionarios quedan envueltos en hechos
de esta naturaleza, la sensación
es que nada queda por hacer.
Todo
contribuye a afirmar una cuestión
ya denunciada: el distrito se volvió
desde hace un tiempo una zona "caliente"
en el conurbano, y en algunas zonas directamente
la inseguridad se adueñó
de todo. De hecho, el famoso "mapa"
que puso en marcha en Internet Francisco
de Narváez muestra que Monte Grande
es una de las localidades más peligrosas
del conurbano. Según el diputado
nacional Eugenio Burzaco, integrante del
equipo de seguridad del sector, en la
localidad echeverriana están los
mayores niveles de algunos delitos, como
secuestro. En declaraciones al diario
Crítica de los Argentinos, Burzaco
explicó que "los delincuentes
prefieren la zona norte para los secuestros,
con especial interés en dos partidos:
de los 45 casos indicados por los usuarios,
11 ocurrieron en San Isidro y seis fueron
en Vicente López, que son, junto
a Lomas de Zamora, Mar del Plata y Monte
Grande, los lugares con mayor cantidad
de casos". Estas mismas localidades
son las que lideran las denuncias de robos
a mano armada.
Si
a esto se le suman las denuncias de corrupción
sobre parte de las autoridades policiales,
y el escándalo que hace un tiempo
protagoniza la comuna con respecto a la
formación del Foro de Seguridad,
la pregunta que hace las veces de título
de estas líneas no encuentra una
respuesta ni siquiera mentirosa.
El
foco de la discordia
Lo que sucedió la semana pasada
con Miño sirve como ejemplo de
cómo está de mezclado el
asunto en el nivel local. Detenido en
la comisaría de Llavallol, el ex
presidente del foro circulaba a bordo
de un auto robado, y fue demorado por
la policía. Pocas horas después
recuperó la libertad, pero quedó
involucrado en la causa por "encubrimiento
de robo automotor a mano armada".
Miño dijo que "un amigo lo
pasó a buscar con un remís",
y que desconocía el origen del
auto. Lo cierto es que su figura quedó
involucrada en este nuevo escándalo
que circula alrededor del Foro, con una
disputa abierta entre algunos sectores
de la vieja conducción y el municipio.
Rápido
de reflejos, el gobierno de Fernando Gray
anunció a los medios locales que
el próximo mes asumirán
las autoridades del Foro, que se encuentra
acéfalo por un pedido del propio
gobierno local luego de la reelección
de Miño como presidente, algo que
la administración objetó.
"Este
es el momento que se esperaba para terminar
de sacar a toda la gente de (el ex intendente
Alberto) Groppi del Foro y normalizar
su funcionamiento", dijo una fuente
cercana a la comuna. Mientras tanto, con
el aval del Ministerio de Seguridad provincial,
prima la posición oficial y, pese
a que sigue reclamando su derecho a ejercer
su función, Miño se queda
afuera del Foro. Una situación
que el último altercado con la
ley parece sentenciar definitivamente.
En
el medio, la gente tiene miedo. La delincuencia
se hizo dueña de un sector de la
ciudad (¿alguien alguna vez logrará
bajar la terrible tasa de robos de autos
estacionados en la calle Las Heras?),
y los encargados de combatirla cada vez
están más cuestionados.
Si el lector quería respuestas
a la pregunta que anteceden estas líneas,
se irá decepcionado; un silencio
escalofriante es todo lo que se puede
ofrecer.