Semanario Político de la Tercera Sección

- Opinión -

LO QUE DEJÓ EL MUNDIAL
No llores por mí, Argentina - por Hugo E. Moreno
Mientras el Mundial nos mantenía absortos con la esperanza puesta en Alemania alentando a el "equipo de José", varias cosas se deslizaban políticamente en nuestro país.

El Mundial tuvo la gracia de "una fiesta" vivida por los argentinos después de cada partido en el cual el equipo de Pekerman avanzaba hacia los cuartos de final. Quienes nos quedamos aquí, estuvimos allá, presentes con el tarareo de la introducción del himno compuesto por Vicente López y Planes, que puso nuevamente de manifiesto el ingenio popular de los argentinos y que a muchos nos hizo caer alguna lágrima sobre las mejillas.

Escuchamos el himno y mirábamos emocionados la mano cruzada sobre el pecho tocando el corazón de Juanpi Sorín, los dientes apretados del "Ratón" Ayala, la mirada fija de los once que entraban a la cancha como titulares, concentrados, pensando vaya a saber en quiénes, seguramente, en sus familiares, amigos, en los que ya no están mirando al cielo y en los que nos quedamos acá.

Seis goles, sus veintisiete toques previos, el máximo de anotaciones en este Mundial, con taquitos, impertinencias de los mas jóvenes, los "huevos" del Apache, la "pausa" de Román, los goles de Crespo, la seguridad del Pato Abbondanzieri, la dupla Tevez-Messi en la cancha y en su conferencia de prensa, el golazo de Maxi Rodríguez, la sutileza y el esfuerzo del Conejito Saviola, las lesiones de Lucho González primero y de Abbondazieri después, todo nos ponía nerviosos y satisfechos a la vez, bien llenos, bastante pipones de ver un "fulbito" que nos identifica en el mundo por los embajadores deportivos, tanto sea en el fútbol español como en el italiano, el inglés, e incluso el alemán, y que nos iluminaba la esperanza, por un instante, aunque fuera por un momento, de esa posibilidad de vivir una fiesta en el Día de la Independencia. Hubiese sido el festejo más completo para un 9 de julio, justo en la final del campeonato del mundo organizado por la FIFA, en el que no participará ningún "sudaca".
Mientras el Mundial nos tenía absortos con aquella esperanza puesta allá con el "equipo de José", otras cosas pasaban por acá.

Entre toques y gambetas, los diarios nos mostraban en notas cortas, como letra chica de las cláusulas de una póliza de seguros, las noticias que pusieron de manifiesto los aumentos de los sueldos del Presidente, sus ministros y secretarios. Ocurría el día del encuentro entre Argentina y México. El "resultado de ese partido", el de los aumentos que alcanzan ahora una suma que asciende a los 9.500 pesos para el Presidente, casi 9.000 para sus ministros y cerca de 8.000 para los secretarios, puso en precalentamiento al Jefe de gabinete, quien dijo que el decreto de necesidad y urgencia publicado en el Boletín Oficial "corrigió" el límite salarial impuesto en la presidencia de Rodríguez Saá. "Había muchísimos funcionarios que ganaban más que un ministro", adujo como excusa y explicó que se "quitó el tope límite" impuesto en 2001. Pero la verdad, todos estábamos preocupados por la formación del equipo que debía enfrentar a los dirigidos por Lavolpe, otro argentino con ciudadanía extranjera, como Pernía, Trezeguet, Franco...., ésos que parecen exiliarse y cobijarse en otros países como científicos olvidados por la política argentina.

También es cierto que el Presidente, junto a la primera dama, estuvo cerca de Alemania casi alentando a la selección argentina. Fue en su visita a España en donde Cristina dijo estar "grande para fantasías, eso era para cuando tenía 15 años y esquivó pronunciarse sobre las versiones lanzadas sobre su posible postulación para suceder a Néstor Kirchner en 2007, cuando el propio Presidente alimentó esa posibilidad, al afirmar en un acto que el candidato del oficialismo "va a ser pingüino o pingüina", y nadie pensó en Alicia.

Entre tanto, en las vísperas al partido frente a Alemania, en donde todos hablábamos de la presión de los 70.000 teutones en el estadio de Berlín y poníamos en dudas la actitud del árbitro eslovaco, se firmaba un acuerdo con el país de Evo Morales que, sin representación en el Mundial, caminó tranquilo por las calles de Hurlingham. El acuerdo lleva el valor del gas que compra Argentina a US$ 5 la unidad de medida hasta fin de año. Aunque el convenio es a 20 años, ahora se deberá definir cómo ajustar los valores para 2007.

Un aumento superior al 50 por ciento en el precio de compra, una financiación local no inferior a los US$ 50 millones para una planta separadora de gases y una cláusula que impide el desvío del combustible a otros países constituyen los puntos salientes del nuevo acuerdo de suministro de gas que cerraron el presidente Néstor Kirchner y su par de Bolivia, Evo Morales, durante la semana pasada. Pero otra vez, los toques cortitos y al pie en el equipo del Gobierno se pronunciaron para aclarar que el incremento acordado con Bolivia no impactará sobre los usuarios, porque la diferencia se trasladará a las exportaciones que tienen las petroleras locales con los países vecinos.

El Mundial nos tuvo en vilo desde el primer momento, con una apertura aburrida y de 30 minutos exactos, las delegaciones campeonas se pasearon por el estadio alemán, pero también a esas horas finalizaba una visita del Fondo Monetario Internacional en la Argentina. El FMI recomendó en su misión de monitoreo de la economía argentina un "esfuerzo fiscal y monetario para contener la inflación". El Fondo manifestó su preocupación por "la inflación y las políticas adoptadas para contenerla", que "están resultando en tensiones que necesitarán ser resueltas".

Pero igualmente, en la partitura extranjera también hubo elogios para la política económica del Gobierno.
La misión monitoreó por primera vez la situación económica de la Argentina tras el pago de la deuda con el Fondo, realizado en diciembre pasado. En ese marco, la comitiva finalizó sus actuaciones el 7 de junio con una reunión con la ministra de Economía, Felisa Miceli. Al respecto, el FMI destacó tanto los "resultados positivos" de la política económica, como "la cooperación recibida, la hospitalidad y la alta calidad del diálogo" por parte de los funcionarios argentinos.

Nos quedamos sin Mundial y sin festejos, un obelisco vacío como la ilusión misma que se agotó desde los doce pasos del arco de Lehmann. El Mundial nos dejó vacíos de noticias, y nos vació de contenido político durante tres semanas, pero estamos de nuevo como si volviéramos de vacaciones. Cansados, pero vivos. Vivitos y llorando.

 

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