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El Mundial tuvo la gracia de "una fiesta"
vivida por los argentinos después de cada
partido en el cual el equipo de Pekerman avanzaba
hacia los cuartos de final. Quienes nos quedamos
aquí, estuvimos allá, presentes
con el tarareo de la introducción del himno
compuesto por Vicente López y Planes, que
puso nuevamente de manifiesto el ingenio popular
de los argentinos y que a muchos nos hizo caer
alguna lágrima sobre las mejillas.
Escuchamos
el himno y mirábamos emocionados la mano
cruzada sobre el pecho tocando el corazón
de Juanpi Sorín, los dientes apretados
del "Ratón" Ayala, la mirada
fija de los once que entraban a la cancha como
titulares, concentrados, pensando vaya a saber
en quiénes, seguramente, en sus familiares,
amigos, en los que ya no están mirando
al cielo y en los que nos quedamos acá.
Seis
goles, sus veintisiete toques previos, el máximo
de anotaciones en este Mundial, con taquitos,
impertinencias de los mas jóvenes, los
"huevos" del Apache, la "pausa"
de Román, los goles de Crespo, la seguridad
del Pato Abbondanzieri, la dupla Tevez-Messi en
la cancha y en su conferencia de prensa, el golazo
de Maxi Rodríguez, la sutileza y el esfuerzo
del Conejito Saviola, las lesiones de Lucho González
primero y de Abbondazieri después, todo
nos ponía nerviosos y satisfechos a la
vez, bien llenos, bastante pipones de ver un "fulbito"
que nos identifica en el mundo por los embajadores
deportivos, tanto sea en el fútbol español
como en el italiano, el inglés, e incluso
el alemán, y que nos iluminaba la esperanza,
por un instante, aunque fuera por un momento,
de esa posibilidad de vivir una fiesta en el Día
de la Independencia. Hubiese sido el festejo más
completo para un 9 de julio, justo en la final
del campeonato del mundo organizado por la FIFA,
en el que no participará ningún
"sudaca".
Mientras el Mundial nos tenía absortos
con aquella esperanza puesta allá con el
"equipo de José", otras cosas
pasaban por acá.
Entre
toques y gambetas, los diarios nos mostraban en
notas cortas, como letra chica de las cláusulas
de una póliza de seguros, las noticias
que pusieron de manifiesto los aumentos de los
sueldos del Presidente, sus ministros y secretarios.
Ocurría el día del encuentro entre
Argentina y México. El "resultado
de ese partido", el de los aumentos que alcanzan
ahora una suma que asciende a los 9.500 pesos
para el Presidente, casi 9.000 para sus ministros
y cerca de 8.000 para los secretarios, puso en
precalentamiento al Jefe de gabinete, quien dijo
que el decreto de necesidad y urgencia publicado
en el Boletín Oficial "corrigió"
el límite salarial impuesto en la presidencia
de Rodríguez Saá. "Había
muchísimos funcionarios que ganaban más
que un ministro", adujo como excusa y explicó
que se "quitó el tope límite"
impuesto en 2001. Pero la verdad, todos estábamos
preocupados por la formación del equipo
que debía enfrentar a los dirigidos por
Lavolpe, otro argentino con ciudadanía
extranjera, como Pernía, Trezeguet, Franco....,
ésos que parecen exiliarse y cobijarse
en otros países como científicos
olvidados por la política argentina.
También
es cierto que el Presidente, junto a la primera
dama, estuvo cerca de Alemania casi alentando
a la selección argentina. Fue en su visita
a España en donde Cristina dijo estar "grande
para fantasías, eso era para cuando tenía
15 años y esquivó pronunciarse sobre
las versiones lanzadas sobre su posible postulación
para suceder a Néstor Kirchner en 2007,
cuando el propio Presidente alimentó esa
posibilidad, al afirmar en un acto que el candidato
del oficialismo "va a ser pingüino o
pingüina", y nadie pensó en Alicia.
Entre
tanto, en las vísperas al partido frente
a Alemania, en donde todos hablábamos de
la presión de los 70.000 teutones en el
estadio de Berlín y poníamos en
dudas la actitud del árbitro eslovaco,
se firmaba un acuerdo con el país de Evo
Morales que, sin representación en el Mundial,
caminó tranquilo por las calles de Hurlingham.
El acuerdo lleva el valor del gas que compra Argentina
a US$ 5 la unidad de medida hasta fin de año.
Aunque el convenio es a 20 años, ahora
se deberá definir cómo ajustar los
valores para 2007.
Un
aumento superior al 50 por ciento en el precio
de compra, una financiación local no inferior
a los US$ 50 millones para una planta separadora
de gases y una cláusula que impide el desvío
del combustible a otros países constituyen
los puntos salientes del nuevo acuerdo de suministro
de gas que cerraron el presidente Néstor
Kirchner y su par de Bolivia, Evo Morales, durante
la semana pasada. Pero otra vez, los toques cortitos
y al pie en el equipo del Gobierno se pronunciaron
para aclarar que el incremento acordado con Bolivia
no impactará sobre los usuarios, porque
la diferencia se trasladará a las exportaciones
que tienen las petroleras locales con los países
vecinos.
El
Mundial nos tuvo en vilo desde el primer momento,
con una apertura aburrida y de 30 minutos exactos,
las delegaciones campeonas se pasearon por el
estadio alemán, pero también a esas
horas finalizaba una visita del Fondo Monetario
Internacional en la Argentina. El FMI recomendó
en su misión de monitoreo de la economía
argentina un "esfuerzo fiscal y monetario
para contener la inflación". El Fondo
manifestó su preocupación por "la
inflación y las políticas adoptadas
para contenerla", que "están
resultando en tensiones que necesitarán
ser resueltas".
Pero
igualmente, en la partitura extranjera también
hubo elogios para la política económica
del Gobierno.
La
misión monitoreó por primera vez
la situación económica de la Argentina
tras el pago de la deuda con el Fondo, realizado
en diciembre pasado. En ese marco, la comitiva
finalizó sus actuaciones el 7 de junio
con una reunión con la ministra de Economía,
Felisa Miceli. Al respecto, el FMI destacó
tanto los "resultados positivos" de
la política económica, como "la
cooperación recibida, la hospitalidad y
la alta calidad del diálogo" por parte
de los funcionarios argentinos.
Nos
quedamos sin Mundial y sin festejos, un obelisco
vacío como la ilusión misma que
se agotó desde los doce pasos del arco
de Lehmann. El Mundial nos dejó vacíos
de noticias, y nos vació de contenido político
durante tres semanas, pero estamos de nuevo como
si volviéramos de vacaciones. Cansados,
pero vivos. Vivitos y llorando.
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