Por
Gustavo Veiga - PAGINA 12
Martín
Irrazabal dice antes de quebrarse en llanto
sobre su silla de ruedas: El concejal
Edgardo Alberto Silva y su esposa, Diana Degregorio,
me usaron políticamente en beneficio
propio. Discapacitado por un accidente
en el que perdió las dos piernas, después
de militar un tiempo en el PRO de Avellaneda,
se transformó en una víctima propicia
del clientelismo. La pareja le prometió
trabajo estable en el municipio a cambio de
colaborar en la campaña electoral de
2007. Su aporte consistía en acudir a
los actos de la fuerza que lidera Mauricio Macri
en el orden nacional y hasta prestarse a ser
usado como relleno en la lista del distrito
(figuró como cuarto candidato a concejal
suplente). Pero el futuro que imaginaba para
sí nunca se cumplió, más
allá de las fotografías que lo
muestran sonriente junto al jefe de Gobierno
porteño, Francisco de Narváez
y Jorge Macri. Al contrario, cuando ya había
desistido de pedir por su puesto de trabajo,
y después de una discusión con
Silva, recibió un golpe que le provocó
la rotura de la prótesis de la pierna
izquierda y hasta lo amenazaron de muerte. Irrazabal
denunció al concejal por esos hechos
en la Justicia y, además, lo acusó
por discriminación ante el Inadi. Esta,
su historia, es la historia de la defraudación
y el abandono.
Hace
dos años yo trabajaba ad honórem
con Degregorio en el área de discapacidad.
Me había prometido que si el marido ingresaba
como concejal tendría un puesto para
mí. Así lo hizo con mucha gente.
Hasta me puso junto a dos compañeras
más en la lista como relleno. Les faltaban
personas para completarla. Pero cuando les fui
a preguntar por el trabajo, me dijeron que lamentablemente
no había. Les pedí por mi familia,
yo tengo cuatro chicos, pero no me dieron ningún
tipo de ayuda. Por eso me retiré de ese
espacio, cuenta Irrazabal acompañado
por Omar Marañón, otro discapacitado
que también colaboró con Degregorio
y el abogado Fernando Javier García,
quien lo patrocina en la denuncia por discriminación,
amenazas y lesiones presentada en la UFI Nº
2 de Avellaneda.
Según
Irrazabal, un hombre de 33 años que perdió
ambas piernas por una descarga de alto voltaje
en un accidente doméstico, el 28 de septiembre
pasado, enterado de que Degregorio hablaba mal
de él en el Concejo Deliberante de Avellaneda,
fue a su búsqueda y la de Silva con el
objetivo de saber por qué lo hacia. En
la ampliación de su denuncia ante el
fiscal primero le habían tomado
declaración en la comisaría 1ª
describió que le solicitó al concejal
dos minutos para charlar y aclarar lo
dicho por su mujer, a lo que accedió,
permitiéndole la entrada a su despacho.
Acto seguido y después de rechazar el
planteo de Irrazabal, el presidente del bloque
Unión PRO de Avellaneda comenzó
a insultarlo, según consta en el escrito
presentado en la Justicia: Rengo de mierda
tomátelas, tomátelas... rajá
de acá.
Le
dije: Bueno, quedate tranquilo,
pero cuando me quise levantar, apoyé
mis manos sobre su escritorio y sin querer se
cayeron unos papeles del mismo. Con la mano
derecha me dio un manotazo en la cara, me caí
contra la pared, trastabillé y me golpeé
la pierna izquierda, en la que sentí
un fuerte dolor. Fue un shock para mí
porque vino directamente a pegarme y ahí
intervino su mujer, que lo tomó por los
brazos y le gritaba: Pará Beto,
pará, dejalo a este rengo hijo de puta,
está bien que le falten las dos piernas,
reconstruye la agresión Irrazabal en
su visita a la redacción de Página/12.
García
anticipa que cuando lo citen a su cliente a
ratificar la denuncia vamos a solicitar
que el fiscal llame a más testigos, porque
las paredes del Concejo son finitas y todo el
mundo, que estaba por ahí, escuchó
lo que pasó. Hay dos testigos presenciales,
Daniel Durán y Diego Ramírez,
pero tanto en el bloque Unión PRO como
en el de la Coalición Cívica,
escucharon los gritos porque se trató
de un escándalo.
La
denuncia que amplió Irrazabal señala
que como consecuencia del hecho sufrió
heridas del muñón de la pierna
izquierda por la rotura de la prótesis
que usaba y que la misma tiene un valor de 15
mil pesos a la fecha. El joven que preside
la institución Volver a Empezar y que
también trabajó durante el último
verano en las piletas de Avellaneda con chicos
discapacitados, dice que hace pocos días
me llamaron al celular un par de veces.
Un hombre me dijo que me quedara callado, que
si no, iba a sufrir yo las consecuencias o mi
familia. Aunque no pasó de eso, tengo
miedo y prefiero quedarme en mi casa a andar
por la calle y que me peguen un tiro en la cabeza.
Hasta pensé en quitarme la vida o dejar
todo, cuenta entre sollozos, seguido con
atención y en respetuoso silencio por
su amigo Marañón.
Silva
nunca se atrevió a decirle: Martín,
vamos a consensuar, disculpame. En ningún
momento le dijeron me equivoqué.
Al contrario, tuvieron una actitud mafiosa,
patotera, comenta el abogado, quien además
acompañó la denuncia judicial
con una presentación ante el Instituto
Nacional contra la Discriminación (Inadi).
Para nosotros es importante que se pronuncie,
aunque no va a pasar de una condena moral y
ética porque se trata de una denuncia
administrativa.
Las
boletas de Unión PRO o lista 505 en la
provincia de Buenos Aires durante las elecciones
generales del 28 de octubre de 2007 llevaban
a Silva como segundo candidato a concejal en
Avellaneda y tenían a Irrazabal como
cuarto suplente. En la misma papeleta también
figuraba Degregorio como segunda suplente en
la nómina de consejeros escolares. El
aspirante a la gobernación en la misma
boleta sábana, y perdedor por entonces,
había sido De Narváez.
La
inclusión como candidato de relleno del
discapacitado completaba así una faena
política típica del clientelismo.
Esa que también consistía, tal
como la recuerda Irrazabal, en llevarnos
a los actos cuando iban Mauricio Macri, Francisco
de Narváez o Néstor Grindetti,
sacarnos fotos con los candidatos, ponernos
remeras del PRO y hacer creer que estaban ayudando
a los discapacitados. Pero todas eran promesas,
porque nunca nos llegaron a dar nada. Ni un
plato de comida.
FUENTE:
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