En
las últimas semanas la Provincia asistió
a un nuevo atropello de las instituciones, encabezado
por el gobernador Daniel Scioli y su intención
de avanzar con un impuestazo que afectará
a todos los bonaerenses, obligado por su propia
incapacidad de perseguir a los grandes evasores
y de transformar la cadena productiva de la
Provincia para aumentar el valor de su trabajo.
Con
este impuestazo (porque ese es el término
que lo describe correctamente) la Provincia
aumenta la presión fiscal sobre quienes
ya están pagando y cumpliendo con un
alto nivel de impuestos, porque no tiene una
política de Estado en materia de recaudación
que le permita presionar a aquellos grandes
evasores que, por ejemplo, hacen que la Provincia
recaude sólo en 50 por ciento de lo que
debería, en concepto de Ingresos Brutos.
La incapacidad hace que se avance sobre quiénes
siempre pagan que, claramente, no siempre son
los que más ganan.
Pero
además, en el terreno institucional,
las formas de imponer esta medida tiran por
la borda el acuerdo de diálogo que se
había realizado, días después
de la elección del 28 de junio, entre
el Gobernador y los bloques de la oposición
en la Provincia. Scioli había prometido
en aquella reunión, que no impondría
la mayoría que transitoriamente tendrá
hasta el 10 de diciembre. Y la oposición,
frente a eso, garantizó los espacios
de diálogo para aprobar, mediante el
consenso, las medidas que el Gobernador necesitase
para gestionar. En la primera oportunidad de
llevar adelante ese acuerdo, Scioli mandó
a sus diputados a tratar, sin debate en las
comisiones, este impuestazo que aprobaron en
tiempo récord algo menos de un
minuto- con el voto del diputado López
Mancinelli, que automáticamente quedó
fuera del bloque cobista de la Concertación.
En
las pocas horas que tuvimos para mirar el proyecto,
adelantamos que esto aplastaría a la
producción agropecuaria y a los puertos,
dos puntos centrales de la economía provincial.
A pesar de la negación del oficialismo
con el propio Scioli a la cabeza- esa
situación se puso de manifiesto en una
ola de reclamos frente a la Gobernación
y en muchos pueblos del Interior, que obligaron
a Scioli a dar marcha atrás con lo que
antes había defendido ciegamente, como
las tasas a los puertos y la presión
sobre el sector agropecuario, dejando debilitados
a aquellos legisladores que en sus pueblos tuvieron
que defender el proyecto oficial y votarlo como
un atropello en la Cámara de Diputados,
para que luego se dé marcha atrás
de manera inexplicable.
Scioli
envió una nueva señal negativa
a la sociedad en su conjunto, demostrando que
cumplir con los impuestos, en la Provincia,
implica que puedas ser víctima en cualquier
momento de un aumento que los evasores nunca
pagarán y por lo cual nunca recibirán
castigo. Y como agravante, forzó la ruptura
del diálogo con la oposición,
por imponer en la Legislatura una medida que
podría haber sido consensuada en los
mismos aspectos que el propio Gobernador se
tuvo que replantear. Con este escenario de aislamiento
de la gente y de la política-,
agravado por el peor mapa de déficit
de la historia de la Provincia (15.000 millones
de pesos proyectados para 2010), Daniel Scioli
debe gobernar durante los próximos 26
meses. Tarea que difícilmente podrá
cumplir de buena manera si no da un golpe de
timón a la gestión, que le garantice
independencia del poder nacional, diálogo
con la oposición y la reconstrucción
del vínculo definitivo con la sociedad.