Semanario Político de la Tercera Sección
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POR CARLOS SORTINO
El “aparato” versus la intervención popular

Por CARLOS SORTINO (*) - especial para REALPOLITIK

El Presupuesto Participativo es un espacio público deliberante, organizado en asambleas barriales en todo el territorio del municipio, creado con el objetivo de que los mismos habitantes identifiquen sus problemáticas y promuevan las políticas oportunas para su abordaje, desde el compromiso político del gobierno municipal de concretarlas, bajo el control de las mismas asambleas, destinando para ello una parte del presupuesto general.

Esta política pública fue creada por el socialismo brasileño en 1989, cuando el Partido de los Trabajadores asumió el gobierno de Porto Alegre, y se viene desarrollando en Argentina desde 2002 en el contexto de una enriquecedora diversidad política (lo han implementado gobiernos socialistas, radicales, justicialistas, vecinalistas) y metodológica (no hay dos presupuestos participativos iguales). Pero esta diversidad tiene su anclaje en un común denominador: es el pueblo, y no el gobierno, quien decide en qué se debe invertir una parte o la totalidad de los recursos públicos.

Poco más de una veintena de municipios están realizando hoy el Presupuesto Participativo. Casi nada: hay más de 2 mil municipios en el país. Precisamente desde esta debilidad cuantitativa y para superarla, es que se ha constituido recientemente la Red Argentina de Presupuestos Participativos.

Nuestra primera iniciativa externa a la Red es promover el interés de los legisladores nacionales y de la presidenta de la Nación en fortalecer esta herramienta política, proyecto que también presentaremos a los legisladores y al gobernador de la provincia de Buenos Aires, ya que en esta provincia se desarrolla la mitad de los presupuestos participativos del país.

Este proyecto consiste en la afectación de un porcentaje del presupuesto público nacional (o provincial, en su caso) para que sea definido por la ciudadanía de cada municipio en su respectivo Presupuesto Participativo, según la modalidad que estime conveniente cada uno de sus organismos de aplicación. La implementación de este programa operaría también como impulsor de nuevas experiencias de presupuesto participativo en los municipios que no lo están implementando aún.

Confiamos en el sano criterio de quienes tienen a su cargo la programación de las políticas públicas para aceptar este desafío e iniciar cuanto antes la deliberación pertinente sobre las posibilidades de concreción de esta política.

En el Presupuesto Participativo ponemos en juego la progresiva superación del individualismo, la fragmentación social y la desafección colectiva por la cosa pública, hoy dominantes en la sociedad, lo que, a su vez, orientará una trayectoria de reducción considerable de los márgenes de discrecionalidad política y económica de las autoridades formalmente constituidas y de quienes pretenden serlo.

Pero no hay que idealizar: el Presupuesto Participativo es también un teatro de operaciones políticas, que puede ser ganado por “aparatos” partidarios con el único fin de legitimar socialmente al gobierno de turno. Allí reside su debilidad.

Para transformar esa debilidad en fortaleza hay una sola condición: la intervención popular. Sin pueblo, no hay política: sólo dominación.

(*) CARLOS SORTINO es director del Presupuesto Participativo.