Por Traducido por Griselda
Pinero y Raúl Quiroz
La
agresividad de Estados Unidos frente a los gobiernos
de los países miembros del ALBA crece
en la medida en que reacciona ante una pérdida
de su influencia sobre Latinoamérica
y el Caribe en general, que atribuye particularmente
a Hugo Chávez (y a Cuba, pero esto no
es una novedad).
Algunas
señales de esta pérdida de control:
con ocasión de las negociaciones que
siguieron a la agresión de Colombia a
Ecuador, el 1º de marzo del 2008,[1] en
lugar de recurrir a la Organización de
Estados Americanos (OEA), de la que Estados
Unidos forma parte, los presidentes latinoamericanos
se reunieron en Santo Domingo, sin los grandes
vecinos del norte, en el marco del Grupo de
Río, contrariando con claridad a Colombia,
aliada de Estados Unidos. En el año 2008,
Honduras, aliada tradicional e incondicional
de la política de Washington, se unió
a Petrocaribe, ente creado por iniciativa de
Venezuela con el fin de proporcionar petróleo
a los países de la región no exportadores
de hidrocarburos, a un precio inferior al del
mercado mundial. Honduras también se
ha adherido al ALBA, otra iniciativa de integración
regional lanzada por Venezuela y Cuba. En diciembre
del 2008, tuvo lugar en Salvador de Bahía
una importante cumbre que reunió a la
mayoría de los presidentes latinoamericanos,
con la presencia destacada del jefe de Estado
Cubano, Raúl Castro, a cuyo lado se sentaba
Felipe Calderón, presidente de México,
quien hasta hace poco mantenía una actitud
hostil hacia Cuba, siguiendo las directivas
de Washington. Unos meses más tarde,
la OEA decidía, a pesar de la oposición
estadounidense, el reingreso de Cuba, que había
sido excluida en 1964. En el 2009, también
Ecuador se sumó al ALBA y decidió
poner fin a la concesión al ejército
de Estados Unidos de la base de Manta.
Desde
el comienzo de la década del 2000, Washington
intentó en forma sistemática contrarrestar
el giro a la izquierda que tomaban los pueblos
de Latinoamérica: apoyo al golpe de Estado
contra Chávez en abril de 2002, apoyo
financiero masivo a la oposición antichavista,
sostén a la huelga patronal venezolana
de diciembre de 2002 a enero de 2003, intervención
activa del embajador de Estados Unidos en Bolivia
para impedir la elección de Evo Morales,
monitoreo de la intervención del Banco
Mundial en Ecuador en 2005 para conseguir la
dimisión de Rafael Correa, en ese momento
ministro de Economía y Finanzas, organización
de maniobras militares conjuntas en el Cono
Sur, reactivación de su 4ª flota,
un gran aumento de la ayuda militar a su aliado
colombiano, que utiliza como cabeza de puente
en la región andina. Y para sobreponerse
al fracaso del ALCA en noviembre de 2005, la
negociación y/o la firma del máximo
posible de tratados de libre comercio bilaterales
(con Chile, Nicaragua, República Dominicana,
El Salvador, Guatemala, Honduras, Costa Rica,
Perú, Panamá, Colombia, Uruguay)
[2].
La
agresividad de Estados Unidos contra el contagio
chavista en Latinoamérica subió
varios puntos en junio-julio de 2009 con el
golpe de Estado militar en Honduras, que derrocó
al presidente liberal Manuel Zelaya, cuando
éste proponía a la población
una consulta sobre la convocatoria a elecciones
por sufragio universal de una asamblea constituyente.
Si ésta hubiera sido convocada, inevitablemente
habría legislado sobre una reforma agraria
que cuestionara los enormes privilegios de los
grandes terratenientes y de las transnacionales
extranjeras de los agronegocios presentes en
el país. Ante esta perspectiva, la clase
capitalista local, con un sector agrario muy
importante, respaldó el golpe de Estado.
También se debe tener en cuenta que esta
clase es una burguesía compradora, totalmente
volcada al comercio de importación-exportación,
y que depende de las buenas relaciones con Estados
Unidos. Por esta razón la burguesía
hondureña había apoyado la firma
de un tratado de libre comercio con Washington,
y se había opuesto al ALBA. Además,
entre las razones que llevaron a la patronal
hondureña a sostener el golpe figura,
en buen lugar, el aumento del salario mínimo
decretado por Manuel Zelaya.[3] Por otra parte,
también se sabe que Zelaya quería
pedirle a Washington la liberación de
la base aérea de Soto Cano, situada a
menos de 100 km de la capital, para transformarla
en aeropuerto civil.
Evidentemente,
el Pentágono no asumió el giro
a la izquierda de un presidente que esperaba
que fuera dócil, ya que, para ellos,
Honduras forma parte de sus subordinados en
la región. Aunque imaginemos lo
que es muy improbable que los generales
hondureños hayan actuado por iniciativa
propia en la alianza con la clase capitalista
local, es inconcebible que Roberto Micheletti,
fantoche designado por los militares, pueda
mantenerse en el poder si realmente el gobierno
estadounidense se opusiera. Y es que Estados
Unidos forma desde hace décadas a los
militares hondureños, mantiene una importante
base en Soto Cano (con 500 militares presentes
en forma continua), y como lo reconoció
Hillary Clinton después del golpe, su
gobierno financió ampliamente la oposición
al presidente Zelaya. Además, sus transnacionales,
especialmente las correspondientes al agronegocio,
están fuertemente implantadas en este
país, al que consideran una república
bananera.
Con
el fin de incrementar su amenaza contra Venezuela
y Ecuador, Washington obtuvo del presidente
Álvaro Uribe el anuncio, en julio de
2009, de la cesión a los militares estadounidenses
de siete bases en Colombia. El corto tiempo
transcurrido entre el golpe militar en Honduras
y el anuncio del presidente colombiano no es
una mera coincidencia: Washington quiere indicar
claramente que desea detener la extensión
del ALBA y eliminar el germen del socialismo
del siglo xxi. Sería irresponsable subestimar
la capacidad dañina de Washington y la
continuidad que marca la política exterior
de Estados Unidos, a pesar del acceso de Barack
Obama a la presidencia y de una retórica
más soft. Hasta el momento de escribir
estas líneas, Washington se niega a considerar
que en Honduras hubo un golpe de Estado el 28
de junio de 2009. Mientras el presidente Manuel
Zelaya, que regresó clandestinamente
a su país el 21 de septiembre de 2009,
encontró refugio en la embajada de Brasil
en Tegucigalpa, y que los golpistas reprimen
violentamente las manifestaciones de los seguidores
del presidente constitucional y cierran los
medios opositores,[4] el 27 de septiembre han
decretado un estado de sitio de 45 días
de duración, y todo lo que consiguió
decir el número 2 de Washington en la
OEA fue: «El retorno de Zelaya es irresponsable
e idiota».[5] Por otra parte, Hillary
Clinton no condenó el prolongado toque
de queda decretado por Micheletti para evitar
manifestaciones de apoyo a Manuel Zelaya frente
a la embajada de Brasil. Vista esta experiencia,
podemos afirmar que el gobierno de Obama no
muestra ninguna voluntad de romper con los métodos
que sus antecesores instauraron: la financiación
masiva de los diversos movimientos de oposición
en el marco de su política de «refuerzo
de la democracia», el lanzamiento de campañas
mediáticas de descrédito contra
los gobiernos que no comparten su orientación
(Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua,
la Honduras de Manuel Zelaya ...); el mantenimiento
del bloqueo contra Cuba; el apoyo a los movimientos
separatistas en Bolivia (la llamada media luna,
cuya capital política es la ciudad de
Santa Cruz), en Ecuador (la ciudad de Guayaquil
y su región) y en Venezuela (el estado
petrolero de Zulia y su capital Maracaibo),
el apoyo a agresiones militares como la perpetrada
por Colombia a Ecuador en marzo de 2008, así
como a las acciones de fuerzas paramilitares
colombianas u otras en Venezuela.
Es
evidente que la Unión Europea sigue una
política muy próxima a la de Washington.
Ya durante el putsch contra Chávez, el
11 de abril de 2002, la Unión Europea,
a través de José María
Aznar, aportó su apoyo a los golpistas.
En agosto de 2009, anunció que mantiene
los acuerdos comerciales con Honduras y que
no denunciará como ilegales las elecciones
organizadas por los golpistas hondureños.
Luego, en septiembre, tomo un postura mas distante.
El director general adjunto de Relaciones Exteriores
de la Comisión Europea (CE), Stefano
Sannino, indicó en una entrevista concedida
a Efe que la Unión Europea (UE), "como
los otros países latinoamericanos, no
reconoce que esas elecciones puedan basarse
en un contexto abierto, libre y democrático"[6].
En materia de negociaciones y de firmas de tratados
de libre comercio, la Unión Europea es
tan agresiva como Estados Unidos e incluso exige
concesiones aún más importantes
que las concedidas por los países latinoamericanos
a Washington.
[1]
El ejército colombiano bombardeó
un campamento de las FARC en el territorio ecuatoriano
y capturó unos miembros de la guerrilla,
causando una veintena muertos, algunos de ellos
civiles. Hay que decir que el ejército
colombiano, aunque fuertemente armado, tiene
muy poca presencia en la frontera con Ecuador,
lo que permite a las FARC instalar campamentos
en la zona, en uno de los cuales se encontraba
en ese tiempo uno de sus principales dirigentes,
Raúl Reyes, responsable de relaciones
internacionales. El gobierno colombiano, enteramente
cubierto por Estados Unidos, utilizó
los métodos que sistemáticamente
emplea el ejército israelí con
sus vecinos, realizando operaciones militares
con desprecio de su soberanía. Ecuador
reprochó repetidas veces a Colombia que
no asegurase un control adecuado de la frontera
entre ambos países.
[2]
En los casos de Chile, Nicaragua, Republica
Dominicana, El Salvador, Guatemala, Honduras,
Costa Rica y Peru, los tratados de libre comercio
con Estados Unidos ya se encuentran en vigencia.
En el caso de Panamá y Colombia, las
negociaciones del tratado ya fueron concluidas
pero se requiere de la aprobación del
Congreso de los Estados Unidos para implementar
el acuerdo. En el caso de Uruguay, en el 2007
se llego a un Acuerdo Marco de Comercio e Inversiones
con los Estados Unidos. Las negociaciones del
TLC no han iniciado formalmente, mas sin embargo
la administración Obama se ha mostrado
favorable a moverse en dicha dirección.
Fuentes: http://www.ustr.gov/trade-agreements/free-trade-agreements
; http://www.bilaterals.org/article.php3?id_article=15798
[3]
Para una descripción más detallada
de los sectores que respaldaron el golpe de
Estado, léase el estudio de Decio Machado
que confeccionó una lista de empresas
y de sus dirigentes que incitaron o apoyaron
activamente a los golpistas: «Quienes
apoyan al gobierno ilegítimo de Roberto
Micheletti», http://wwwcadtm.org/Quienes-apoyan-al-gobierno
[4]
El ejército hondureño tomó
el control de los locales de la radio Globo
el lunes 28 de septiembre al alba (felizmente,
Globo continúa emitiendo vía Internet
desde una casa privada) y clausuró las
emisiones del Canal 36, la única cadena
que difundía informaciones no favorables
a los golpistas. Por otra parte, un decreto,
difundido el martes 27 de septiembre por la
noche por todas las cadenas de televisión,
suspendía la libertad de expresión
y de reunión durante un mínimo
de 45 días y preveía la clausura
de medios «que inciten a la insurrección».
[5]
«El retorno del presidente Zelaya a Honduras
es irresponsable e idiota y no sirve ni a los
intereses de su pueblo ni a aquellos que buscan
el restablecimiento pacífico del orden
democrático en Honduras», ha declarado
Lewis Amselem, con una arrogancia correspondiente
a su papel de representante alterno de Estados
Unidos ante la Organización de Estados
Americanos. Es el mismo Amselem que estuvo involucrado
en el caso del secuestro, tortura y violación
de su compatriota Diana Ortiz, monja ursulina
que trabajaba de enfermera en aldeas indígenas,
por elementos de las fuerzas de seguridad guatemaltecas
en 1989. Fue acusado por las organizaciones
de defensa de los derechos humanos de negación
de asistencia y de difamación. En esa
época Amselem trabajaba en la embajada
de Estados Unidos en la ciudad de Guatemala
como oficial de derechos humanos
http://www.kaosenlared.net/noticia/representante-ee.uu-oea-encubrio-torturadores
[6]
http://www.vtv.gov.ve/noticias-internacionales/23468