Juan Pablo Morales
Enviado especial
SAN SALVADOR DE JUJUY.-
Una garita de seguridad y un cartel anuncian
la frontera de sus dominios: "Bienvenidos
al cantri de los villeros". Milagro Sala
sale desde el fondo de una casa llena de planos.
Todo lo que la rodea está concentrado
ahí, como el diagrama de una fortaleza:
1800 viviendas para 10.000 habitantes, una fábrica
de bloques, caños y adoquines, un taller
textil, otro metalúrgico, un hospital,
un estadio de fútbol, dos escuelas con
un plan de estudios especial y un supermercado
propio. Todo tiene el mismo nombre: Tupac Amaru.
En un mes, abrirá un parque acuático,
con una pileta de 120 metros de largo. Se dedicará
después por el siguiente objetivo: un
shopping.
Milagro estira su cuerpo
diminuto y esmirriado, y se infla de palabras
ansiosas por detallar las obras. Cuando termina,
sale a la calle y levanta la vista sobre el
cerro, donde las casas parecen perderse en el
horizonte. Habla como si se confesara: "Este
es todo mi poder".
Pero la líder social
más influyente de Jujuy sabe que no es
cierto. Barrios como el Tupac Amaru se repiten
a escala en otra decena de localidades jujeñas.
Tiene más de una veintena de propiedades,
incluido un museo y varios locales en el centro.
Su organización suma 70.000 adherentes:
más del 10 por ciento de la población
de la provincia depende sólo de ella.
Y controla una de las facciones de la barra
brava de Gimnasia y Esgrima de Jujuy, bautizada,
en su honor, "La banda de la Flaca".
La misma que oficia como su custodia y que suele
manejar una flota de Fiat Idea que pertenecen
a la organización.
Aquí la aman o le
temen, y prefieren ni hablar de ella. Algo que
empezó a hacerse imposible desde hace
diez días, cuando gente de su organización
agredió al senador radical Gerardo Morales
y el nombre de "Milagrito", como la
llaman unos y otros, saltó al primer
plano de la política nacional.
Recibe del gobierno nacional
5000 bolsones de comida por mes, que llegan
directamente a las sedes de su grupo, sin pasar
por dependencias provinciales o municipales.
Según las planillas oficiales del Ministerio
de Planificación, sólo en lo que
va de 2009 ya recibió casi 100 millones
de pesos para el funcionamiento de sus cooperativas
de viviendas.
Acumuló tanto poder
que logró montar una suerte de estado
paralelo. Al que se le atribuye, incluso, la
capacidad de modificar decisiones oficiales
y legislativas. Y que tiene varios integrantes
investigados en la justicia penal jujeña
por supuestos episodios violentos, tenencia
de drogas y uso de armas (ver aparte).
Pero Milagro llega hasta
el llanto para desmentir esas denuncias. "¡Cómo
voy a tener armas o drogas! ¡Quieren mostrar
a Jujuy como Colombia!", se enojó,
sentada en un bar, frente a la sede central
de Tupac Amaru, en una charla con LA NACION.
Después hizo silencio. Se tapó
la cara. Empezó a llorar.
Terminó ordenándole
a uno de sus hombres que fuera a buscar algo.
Seguía llorando: "Te van a traer
la única arma que tengo". Al rato,
su gente apareció con un viejo pistolón,
enmarcado como un cuadro. Dijo que se lo había
regalado el sindicalista Germán Abdala,
dos años antes de morir. "Es lo
único que tengo. Si tuviera el culo sucio
no hablaría así. Me están
condenando sin conocerme."
También negó
tener influencia alguna sobre la policía
provincial, como suele denunciar la oposición
jujeña. Usó una sola frase, insistentemente:
"¡Es mentira!". Sí, aceptó
ser la jefa de "La banda de la Flaca",
que ostenta poder en la hinchada del Lobo jujeño,
y que hasta hace un año mantenía
un violento enfrentamiento con "Los Marginados",
liderados por Alberto Cardozo, aliado del ex
intendente capitalino José Luis Martiarena.
Milagro empezó a
usar en la política a sus hombres del
fútbol. La oposición jujeña
se encarga de revisar archivos en cada aparición
pública. En los últimos cuatro
años, Tupac Amaru lideró tomas
de la Legislatura, encabezó ocupaciones
en la Casa de Gobierno (el episodio más
conocido fue en 2007, cuando su agrupación
quemó parte del Salón de la Bandera)
y avanzó sobre municipios y concejos
deliberantes del interior. La mayoría
de las veces logró imponerse. Suele justificar
sus embates en público: "Nunca voy
a cagar a mis compañeros. Lo que hago
es por la necesidad de ellos".
Algo es cierto: muchos seguidores
le tienen devoción. Los contactos con
el poder le permiten a Milagro ser efectiva.
Da respuesta en cuestión de horas a necesidades
que a cualquier gobierno le costaría
meses atender.
"Si el Estado fuera
eficiente, nosotros no existiríamos",
se ufanó. Su estructura de poder funciona
como un estricto sistema de relojería,
sobre la base de la disciplina y de sometimientos.
Todos sus emprendimientos
son cooperativas. Cada integrante cobra entre
900 y 2000 pesos. Con las viviendas, gana plata.
El Estado les paga como si las construyeran
en seis meses, pero las terminan en cinco. La
organización se guarda la diferencia
y paga otros gastos. También ahorra en
materiales. En el taller metalúrgico,
hacen puertas, columnas y ventanas. En el textil,
142 personas por turno fabrican 50.000 delantales
por mes para el Gobierno (que financió
máquinas con planes Manos a la Obra).
Disciplina férrea
El grupo fue acrecentando
su estructura: en el barrio tiene dos ambulancias,
sillones odontológicos y laboratorios
de análisis clínicos. En la sede
central, sumó un tomógrafo. En
Jujuy, hay sólo dos. Tupac Amaru tiene
ocho militantes estudiando medicina en Cuba.
Y aunque en la municipalidad se quejan de que
sus edificios no tienen planos aprobados, Milagro
usó sus contactos y logró que
el Ministerio de Salud habilitara sus consultorios.
La disciplina interna también
es implacable. LA NACION lo comprobó
en la última marcha de la agrupación,
el miércoles. A las 9, decenas de personas
corrían al lugar del encuentro. Aunque
la marcha estaba programada para las 12, los
líderes de Tupac Amaru ya tomaban lista.
Los manifestantes sabían que, si no llegaban
a tiempo, a fin de mes no les iban a pagar.
A las 11, una mujer sollozaba
dentro del grupo. Su hija todavía no
había llegado: tenía miedo de
que volvieran a amenazarla con quitarle la casa
que le habían dado. Mientras tanto, un
dirigente indígena también sollozaba,
pero por lo contrario: repetía que Milagro
le había dado una pensión que
el Estado jamás le había podido
conseguir.
FUENTE:
www.lanacion.com.ar