Por Ailín Bullentini
Los familiares de los tres jóvenes asesinados
por efectivos de la Policía Bonaerense
en el marco de lo que hoy, a 22 años
del hecho, se conoce como la Masacre de Budge,
solicitarán ante la Cámara de
Apelaciones de los Tribunales de Lomas de Zamora
el revocamiento de la resolución que
le permitió al suboficial y principal
responsable del triple crimen, Juan Ramón
Balmaceda, cumplir la condena de 11 años
de prisión en su casa. Familiares y vecinos
de las víctimas, junto acompañarán
la instancia judicial con una concentración
en las puertas de los tribunales.
A mediados de la década
de 1980, Juan Ramón Balmaceda se desempeñaba
como suboficial de la comisaría 10º
de Lomas de Zamora, mejor conocida en la zona
como la de Puente La Noria. "Era el intocable
de Budge", definió Antonio Olivera.
En 1994 la Justicia lo señaló
"culpable" del crimen del hijo de
Olivera, Agustín, y de sus dos amigos,
Oscar Aredes y Roberto Argañaraz, fusilados
mientras estaban sentados en una equina por
Balmaceda y los cabos Isidoro Romero y Juan
Alberto Miño. Los tres policías
fueron condenados a 11 años de prisión.
"No puede estar en
su casa una persona que cometió un delito,
que permaneció en libertad durante todo
el proceso judicial en el que se determinó
su culpabilidad y que, luego de prófugo,
haya permanecido tras las rejas sólo
un año -sintetizó el abogado
de las familias Alejandro Zimerman--. No es
justo para los familiares de las víctimas
y, por otro lado, es un mensaje cruel a la sociedad
cruel, a la que se le asegura que los policías
cuentan con beneficios especiales y que existen
cadenas de protección que los amparan
en la impunidad."
Acompañados de Zimerman,
los familiares de Olivera, Argañaraz
y Aredes argumentarán mañana a
las 9.30 ante la Cámara de Apelaciones
el pedido de revocamiento del beneficio de arresto
domiciliario que realizaron anteriormente a
el Juzgado de ejecución penal Nº1,
y que éste había rechazado. Las
razones principales en las que se basa para
pedir que el acusado vuelva a la cárcel
son tres: el tiempo que Balmaceda estuvo prófugo
de la Justicia; la consideración de que
si bien es insulinodependiente, no es un enfermo
grave en estado terminal; y la falta de arrepentimiento
que demostró en los exámenes psicológicos
a los que debió someterse durante el
proceso judicial en el que se determinó
su responsabilidad en el triple crimen.
Balmaceda comenzó
a cumplir su condena en noviembre de 2006, cuando
fue detenido en la localidad bonaerense de José
Mármol, nueve años después
de que su sentencia haya quedado firme, en 1997.
En cuanto a su enfermedad, Zimerman remarcó
que "el hecho de que por su estado de insulinodependiente
haya perdido parte de una pierna y el pie de
la otra no representa un estado de enfermedad
grave y terminal", uno de los requisitos
que marca el código penal para determinar
que un acusado puede cumplir su condena en su
domicilio particular. Por eso, según
su entendimiento, "debería estar
preso en una institución penitenciaria
de carácter hospitalario".
Pero además, el abogado
de las familias relacionó la enfermedad
de Balmaceda con su comportamiento durante los
años en los que esquivó a la Justicia,
ya que sospechó sobre las consultas médicas
que realiza todos los meses: "La justicia
no controla las salidas que Balmaceda hace de
su domicilio por su tratamiento médico,
y eso no está bien".
Por último, la apelación
remarca la "falta de atención"
por parte del Juzgado de Ejecución Nº1
al momento de aprobar la resolución,
de los informes psicológicos realizados
sobre el acusado en los que "demostró
no sentirse culpable ni arrepentido por el asesinato
de los jóvenes".
El proceso se reanuda en
la Cámara de Apelaciones luego de el
Juzgado de Ejecución Penal Nº1 les
negara a las familias la participación
en el proceso judicial de otorgamiento de arresto
domiciliario a Balmaceda en base al artículo
81 del Código de Procedimiento Penal,
que identifica como partes de esos procesos
al acusado y al Ministerio Público Fiscal.
"Pedimos la nulidad de ese artículo
ya que, una vez aprobada la resolución,
el fiscal desapareció. Las familias quedaron
abandonadas, sin representación en el
proceso", apuntó Alejandro Zimerman.
El juez de Ejecución
Penal que recibió la revocatoria por
parte de los familiares, Francisco Valetutto,
adujo que la reacción por parte del particular
damnificado "había llegado tarde".
"Cómo vamos a llegar tarde si nunca
nos avisaron desde el juzgado cuándo
aprobaron la resolución. Nos enteramos
de casualidad y apelamos enseguida", remarcó
Zimerman.
LA HISTORIA DE NUNCA ACABAR
El día de la masacre, Agustín
"El Negro" Olivera, de 26 años,
Oscar Aredes de 19 y Roberto "Willy"
Argañaraz, de 24, se habían juntado
en la esquina de Figueredo y Guaminí,
en Budge, tal como era costumbre en el barrio.
Allí fueron encontrados por Balmaceda,
Miño y Romero, que bajaron de una camioneta
de la Bonaerense y dispararon contra ellos.
Tras "plantar" dos armas cerca de
los cuerpos de Agustín y Oscar, ya muertos,
subieron a "Willy", herido en una
pierna, al móvil policial. Allí
se cree que o remataron, ya que el cuerpo exhibía
más de siete impactos de bala.
Don Antonio Olivera, padre
de Agustín, aún vive a una cuadra
de aquella esquina. Esa tarde de mayo de 1987
volvía de trabajar cuando la policía
le impidió el paso. "Nadie me quería
contar nada. Cuando logré llegar a mi
casa, no me querían dejar pasar. Hasta
que me acerqué a los cadáveres,
tirados en la vereda. Ahí lo vi a mi
hijo, muerto en el suelo", relató
a esta agencia.
Luego del primer juicio
oral, el 24 de mayo de 1990, llegó la
resolución del tribunal de Lomas de Zamora
que condenó a cinco años de prisión
a Balmaceda y Miño y a 12 a Romero. Sin
embargo, la Corte Suprema de la provincia de
Buenos Aires anuló el juicio por "errores
técnicos" y en junio de 1994 condenaron
a los tres policías a 11 años
de prisión por homicidio simple.
Pese a que la condena fue
confirmada en 1997, ninguno de los responsables
de la masacre fue preso. Los tres permanecieron
prófugos durante años. En 1999,
fue apresado Romero, que "goza de libertad
condicional por estar en los últimos
años de su condena", detalló
el representante de la Coordinadora Antirrepresiva
por los Derechos del Pueblo (CADeP), Sergio
CADeP.
En septiembre de 2006 fue
detenido Miño, dos meses antes de caer
Balmaceda, en noviembre de ese año. "Hasta
entonces, pudimos constatar fehacientemente
que estuvo viviendo en su casa de Florencio
Varela lo más campante, protegido por
una red de impunidad por parte de la policía
y de la Justicia. Tanto él como los otros
dos culpables fueron capturados gracias a las
campañas que impulsaron los organismos
de derechos humanos y las familias y vecinos
de los chicos asesinados", remarcó
Smietniansky.
Si bien los familiares aguardan
con esperanza el resultado de la audiencia de
mañana, los abogados de CADeP no se engañan:
"Con el arresto domiciliario se develó
la práctica discrecional de otorgamiento
de beneficios de la que son plausibles los miembros
de la fuerza de seguridad que cometen delitos.
La condición de salud de Balmaceda es
igual a la de miles de presos que siguen pudriéndose
en la cárcel", concluyó.
FUENTE: AUNO