Semanario Político de la Tercera Sección
   
Imágenes de un derrumbe
La imagen del derrumbe del muro de Berlín en noviembre de 1989, que había surgido de los repartos territoriales de la Segunda Guerra Mundial para ser un emblema de la guerra fría, todavía perdura en esos pocos paneles aún de pie, hoy barnizados prolijamente como un símbolo.


Por Stella Calloni


La imagen del derrumbe del muro de Berlín en noviembre de 1989, que había surgido de los repartos territoriales de la Segunda Guerra Mundial para ser un emblema de la guerra fría, todavía perdura en esos pocos paneles aún de pie, hoy barnizados prolijamente como un símbolo. Pero ese derrumbe no acabó en Alemania con otros muros entre poblaciones hermanas, pero muy distintas cultural y políticamente. Muros difusos y flotantes como niebla resienten a buena parte de los millones de los que habitaron la ex República Democrática Alemana(RDA), la mayoría de ellos profesionales de alto nivel, que quedaron de un día para otro sumergidos en los arrabales de un mundo supuestamente hermano, que los desconoció y los condenó, sin preguntas, sin abrazos.

Mucho hay que reflexionar sobre lo sucedido y sobre lo ocultado. En la película documental Material, del periodista Thomas Heise, que ha recibido varios premios, hay planteos muy esclarecedores de todo esto, que obligan a esa reflexión veinte años después.

Es un planteo revulsivo, que no deja lugar a la indiferencia. “En todo momento se intenta borrar el momento en que los ciudadanos se acercaron a la línea de fuego para hablar de sí mismos. No se quiere esos recuerdos. Festejamos la caída del Muro, pero no el hecho de que el pueblo se declarara soberano frente al vacío de poder, ni cómo, a causa de esto, no hubo una reunificación, sino una anexión. Se produjo un restablecimiento del orden con la destrucción de las utopías. La República Federal no podía permitirse la existencia de un pueblo soberano en una parte de Alemania. No habría sobrevivido. El Muro se abrió para impedir que la revolución tuviera lugar”, sostiene el periodista.

El Memorial del Holocausto no es sino una construcción simbólica, una disculpa no muy sentida por todos, mientras se veneran y conservan edificios símbolos del nazismo. Hay analistas que advierten sobre las contradicciones de las obsesiones alemanas actuales como las que se empeñan en borrar con cierta furia los rastros de la que fuera la RDA.

A veinte años de la caía del muro de Berlín, que se produjo un mes antes de la invasión de Estados Unidos a Panamá, los muros reales no han caído. Hay nuevos en distintos lugares, alambradas de púas que forman muros sombríos en cárceles secretas en las invasiones con reminiscencias fascistas del siglo XXI. El muro entre Estados Unidos y México, el que construyen las autoridades de Israel para acorralar y desaparecer al pueblo palestino, y tantos otros que nos obligan a no simplificar la Historia.

FUENTE: www.elargentino.com