Por Ana María Cleiman
–Vio o escuchó la entrega de premios que otorgó Éter a la radio?
–No, la verdad es que no tengo contacto con eso. No les doy mucha entidad a las premiaciones. Son ceremonias divertidas y punto.
–Dada la actualidad de los medios y sus diferentes posturas acerca de la ley de medios, se generó cierta polémica por quiénes fueron los ganadores. Por ejemplo, el caso de Continental...
–Me parece una estupidez polemizar alrededor de un simple premio. Yo gané dos Martín Fierro, y si no los hubiese ganado no me pasaba nada. El último fue en un momento en el que hasta era obsceno ir a recibirlo, el país estaba en llamas. Así que no fui, no me pareció que tenía que adscribir con mi presencia en un hotel lleno de comida y glamour.
–Dado el contexto actual del país y de los medios, ¿hoy tendrías la misma postura?
–Si, por ejemplo, vos intervenís en un concurso de cuentos y el jurado está integrado por Mempo Giardinelli, Borges y Bioy Casares, y perdés, la verdad es que es para amargarse, o al menos para que te llame la atención, por la entidad de aquellos que están otorgándote el ser ganador o el ser premiado. El Martín Fierro, al igual que cualquier otro premio, está consensuado de alguna manera entre gente que ni siquiera sabe quién sos. Los que votan se preguntan entre ellos, o a los que están más cerca de la farándula, a quién hay que votar. Las premiaciones de ese tipo a mí no me gustan, pero ni siquiera las rechazo. No me parece que valga la pena polemizar. La verdad es que no me importan.
–Una reflexión acerca del futuro de la radio a partir de la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.
–No creo que una ley de radiodifusión vaya a cambiar la situación de las emisoras, ni que vaya a cambiar lo fundamental, que es el abandono educativo. Tampoco la profundidad de aquellos que somos los actores de los medios de comunicación. Me hizo reír mucho la revista Barcelona cuando tituló: “Se terminó el tiempo de los multimedios, comienza al tiempo de los testaferros”. Eso es característico de nuestra sociedad, de nuestro pueblo y de nuestra forma de pensar. Una ley de medios no va a solucionar el tema de los monopolios, eso empezó con la Standard Oil en los años ’30. Me parece hasta medio ingenuo pensar que una ley de radiodifusión va a cambiar el destino de los medios de nuestro país. Los medios son un reflejo de la sociedad. El cambio tiene que venir desde otro lado. Si se planteara un cambio en el esquema educativo del país, tal vez te diría que sí, que tengo esperanza. Pero la verdad, de una ley nacida al calor de una reyerta palaciega entre la Presidenta y el Grupo Clarín, no sé qué puede salir de bueno. Todos opinan sobre la ley pero nadie leyó ni la vieja ni la nueva. Si leés la vieja ley de radiodifusión te das cuenta no sólo de que era una ley de la dictadura, sino que tenía su obsolescencia producto de los 30 años que pasaron, con desconocimiento de las nuevas tecnologías. Pero esa ley tenía el artículo 45 antimonopólico: el único que se tocó justamente para que Clarín pudiese tener radios y demás. Esto es lo que hizo la democracia, lo que hicieron nuestros senadores y diputados en 27 años.
–¿Qué opina respecto del texto, del contenido de la ley?
–Me gusta la redacción, está llena de buenas intenciones, pero no me garantiza que la gente que trabaja en radio va a poder opinar con libertad. La libertad se consigue de otra manera, no adentro de una radio ni de un canal de televisión. Se es o no libre por otras razones, no solamente porque te estén poniendo en una época una pistola, y en otra el despido en la cabeza. Se es libre por otras razones, no por una ley de medios.
FUENTE:
www.elargentino.com