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Felipe Solá logró sacarse los guantes,
al menos por un tiempo, tras un par de semanas
en la que debió mover cintura y mantener
la guardia en alto en los distintos rounds a los
que lo retó la Legislatura.
Primero
los bingos y luego un nuevo endeudamiento de la
provincia para no caer en déficit presupuestario;
allí se centró la tensión
institucional por unos días que tuvieron
en vilo al gobernador. Hasta se vinculó
a uno de sus ministros fogoneando las cuadrillas
que volcaban el lodo en el ring.
Finalmente,
fueron una de cal y una de arena. En cuanto a
la prórroga de las licencias de los bingos,
aún no hay acuerdo, pero en la segunda
recibió el aval legislativo que le permitirá
al Ejecutivo provincial no caer en déficit
presupuestario y, de esta manera, llegar con más
aire al próximo año.
2007: ésa es la cuestión, ser o
no ser. Y a ello estuvo ligado el rompimiento
de esa armonía que el oficialismo legislativo
mantenía, al menos hacia fuera y con un
Solá insinuándose -casi como sondeando
el terreno- por la positiva; los senadores y los
diputados le hicieron sentir el rigor y marcaron
el terreno.
La
factura por su abierta intención de candidatear
su (re)relección inquietó las aguas
de la avenida 7.
Pero, fortalecido por haber logrado una ley esencial
en el plano institucional y una imagen de "sintonía"
entre ambos poderes, el mandatario dio nuevas
y más claras señales acerca de la
exégesis filosófica: si la justicia
lo habilita para presentarse a elecciones, él
será el candidato.
"Si
puedo ser, seré yo el candidato, si no
el que apoye el Presidente", dijo Solá
en un acto en Berazategui, flanqueado por (algunos
de) sus funcionarios y varios intendentes del
conurbano, como "Cacho" Álvarez,
Sergio Villordo y Manuel Rodríguez. Sabe
que el Presidente mantiene con él una simpatía
sólo políticamente correcta, pero
espera que el guiño judicial se vuelva
una herramienta de presión para abroquelar
voluntades. Mientras Aníbal, Florencio
y José Bautista esperan el veredicto casi
profético: 2007, una cuestión de
peso
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