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La polémica suscitada entre el Gobierno
Nacional y la Iglesia Católica Argentina
tuvo su repercusión en la Cámara
de Diputados de la Provincia de Buenos Aires,
donde Liliana Di Leo -Frente para Victoria- reclamó,
a través de un proyecto, que se deroguen
los beneficios a los obispados bonaerenses "porque
debemos fortalecer la institucionalidad y apoyar
la lucha del Presidente en cuanto a que haya igualdad
de oportunidades para todos, sin privilegios injustificados".
En
tanto, el titular de la bancada kirchnerista en
la Cámara Baja provincial, Fernando Navarro,
envió una carta a los medios en la cual
"da la bienvenida" a la Iglesia "en
advenimiento a someterse a la voz del pueblo".
Una irónica crítica a un sector
"que acompañó pasiva o activamente
a violadores de los Derechos Humanos".
La
insistencia apunta a suprimir los beneficios que
reciben los obispados -en virtud de un decreto
de la época de la dictadura-, que se traducen
en becas ordinarias para seminaristas, becas extraordinarias
para viajes de perfeccionamiento al extranjero,
erogaciones para el acrecentamiento del material
de las bibliotecas y gastos de mantenimiento edilicio
de los seminarios.
"Hay
que avanzar en procesos de fortalecimiento de
la institucionalidad, en la búsqueda de
una democracia cada vez más consolidada,
y la vigencia de algunas normas conspira contra
esos procesos, y es deber de los legisladores
la observancia y revisión de todo aquello
que en el marco legal pueda ser contrapuesto a
los intereses de una democracia genuina",
fundamentó Di Leo.
Por
su parte, el "Chino" también
salió al cruce de la Iglesia con una misiva
mediática en la que dio la "bienvenida
a algunos miembros de la Iglesia al campo de lo
terrenal".
"Es
bueno que los pastores acompañen a su grey
no sólo en el campo de lo religioso o espiritual.
Bienvenidos estos pastores que vienen ahora a
defendernos del autoritarismo y a fiscalizar que
se respete la ley. Creemos respetuosamente que
su decisión es mucho mejor que la de aquellos
que no salen de sus púlpitos, aquellos
que hablan de los pobres como de un extranjero",
ironizó.
También
se refirió a "aquellos que acompañaron
pasiva o activamente a criminales y violadores
de derechos humanos, o aquellos que callaron ante
quienes destruyeron la nación y empobrecieron
al pueblo".
En
otro tramo, criticó elípticamente
la "escasa democracia, debate y participación"
de la Iglesia, "que sólo la practica
cuando se trata de elegir al Papa" y se preguntó
si no sería positivo que los fieles opinaran
sobre las condiciones y los trabajos de los obispos
"que pasan años, lustros y décadas
al frente de sus diócesis".
"Bienvenidos,
entonces, quienes llegan a someterse a la vox
populi, sabedores de que no tienen la infalibilidad
que sólo les podría dar el Espíritu
Santo", concluye la carta de Navarro.
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