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Aun en regímenes presidencialistas como
el nuestro, gobernar es una permanente tarea de
construcción de mayorías y de consensos.
Si, en el pasado, esa tarea se llevó adelante
al servicio de los intereses de los sectores dominantes
o, en el mejor de los casos, cuidándose
de no perjudicarlos, a partir de la asunción
de Néstor Kirchner se quebró la
sumisión del poder político a la
extorsión de esos sectores remunerada con
la plata sucia de la corrupción y la entrega
del patrimonio nacional.
Luego
de la crisis del modelo neoliberal, la actitud
de Néstor Kirchner, con su política
de derechos humanos, su firmeza frente a los organismos
de crédito internacional, su sostenimiento
de la reactivación económica y su
apuesta a la recuperación del poder adquisitivo
del salario, entre otras cuestiones, no sólo
fue valiosa por el coraje con que la asumió,
sino por la claridad con que aprovechó
el momento oportuno para desnudar la realidad,
para que pudiéramos redescubrir y demostrarnos
como pueblo, luego de tres décadas de resignación,
que podíamos volver a confiar en nuestras
fuerzas. No fue el coraje de un héroe solitario,
fue la voz que se alzó para empezar a gestar
el predominio de un nuevo sentido común.
Iniciamos un año electoral. Un año
en que tanto los indicadores del modelo -por ejemplo,
el riesgo país- como los que le interesan
a la gente -la baja de la desocupación-
testimonian un proceso que se consolida.
Pero sería necio refugiarse en esas certezas
sin advertir algunas amenazas y sin asumir nuevos
desafíos.
Los
secuestros de Jorge López y Luís
Gerez y las permanentes amenazas a testigos, o
la actitud dilatoria de la Cámara Nacional
de Casación, ponen de manifiesto que el
juzgamiento a los criminales del Proceso no será
un camino sencillo y que será utilizado
para poner a prueba la solidez del gobierno. Las
amenazas del agro, la presión de los formadores
de precios, la actitud reaccionaria de buena parte
de las jerarquías eclesiásticas
o la reivindicación oportunista de la mano
dura ponen a prueba de manera constante esta "salida
del infierno". Son los sectores de siempre
que procuran encontrar una hendija que les permita
minar las bases del consenso del presidente y
retornar a las políticas de protección
de la inequidad y el privilegio.
En
el ámbito político, el presidente
construyó una mayoría parlamentaria,
alcanzó desde la obra pública una
convivencia pacífica con los caudillos
territoriales de la vieja maquinaria duhaldista
y avanzó en un lento fortalecimiento de
su fuerza propia, en la que también se
albergan contradicciones diversas.
El
alineamiento mayoritario de la vieja estructura
de poder pejotista, sin embargo, no debe llamar
a engaño, en la medida en que muchos de
sus protagonistas mantienen prácticas y
vínculos propios de la Argentina que procuramos
dejar atrás y que, supeditado su respaldo
a la solidez del gobierno, constituyen una fuerza
que puede condicionar las reformas, defender viejas
lealtades y limitar y restringir la capacidad
de maniobra presidencial en la hipótesis
de transitar aguas no tan propicias.
Por
ello, de cara a las próximas elecciones,
que el presidente Kirchner consiga acertar con
las candidaturas en los principales distritos
y conservar su condición de principal elector
no es un dato menor. Es desde esa condición
que podrá plantearse consolidar su hegemonía,
debilitar aún más aquellas viejas
lealtades y brindar señales inequívocas
de cambio en aquellos distritos del conurbano
en que el Frente Para la Victoria esté
en condiciones de erigirse en alternativa de gobierno.
En
ese contexto, quienes apuestan a la recomposición
del proyecto nacional y popular y quienes, en
un sentido más amplio, exhiban una actitud
progresista y transformadora, estén alineados
o no con el Presidente, tienen por delante el
desafío de no resignarse a ser espectadores
o comentaristas, de asumir su protagonismo para
llevar adelante transformaciones concretas, que
excedan lo estrictamente testimonial y que signifiquen
no sólo más calidad institucional,
sino fundamentalmente fortalecer la participación
y la organización popular y solidaria.
(*)
Alfredo Fernández es concejal del bloque
del Frente para la Victoria de Lomas de Zamora.
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