Semanario Político de la Tercera Sección

- Opinión -

ANALISIS
El año que empieza - por Alfredo Fernández

Aun en regímenes presidencialistas como el nuestro, gobernar es una permanente tarea de construcción de mayorías y de consensos. Si, en el pasado, esa tarea se llevó adelante al servicio de los intereses de los sectores dominantes o, en el mejor de los casos, cuidándose de no perjudicarlos, a partir de la asunción de Néstor Kirchner se quebró la sumisión del poder político a la extorsión de esos sectores remunerada con la plata sucia de la corrupción y la entrega del patrimonio nacional.

Luego de la crisis del modelo neoliberal, la actitud de Néstor Kirchner, con su política de derechos humanos, su firmeza frente a los organismos de crédito internacional, su sostenimiento de la reactivación económica y su apuesta a la recuperación del poder adquisitivo del salario, entre otras cuestiones, no sólo fue valiosa por el coraje con que la asumió, sino por la claridad con que aprovechó el momento oportuno para desnudar la realidad, para que pudiéramos redescubrir y demostrarnos como pueblo, luego de tres décadas de resignación, que podíamos volver a confiar en nuestras fuerzas. No fue el coraje de un héroe solitario, fue la voz que se alzó para empezar a gestar el predominio de un nuevo sentido común.
Iniciamos un año electoral. Un año en que tanto los indicadores del modelo -por ejemplo, el riesgo país- como los que le interesan a la gente -la baja de la desocupación- testimonian un proceso que se consolida.
Pero sería necio refugiarse en esas certezas sin advertir algunas amenazas y sin asumir nuevos desafíos.

Los secuestros de Jorge López y Luís Gerez y las permanentes amenazas a testigos, o la actitud dilatoria de la Cámara Nacional de Casación, ponen de manifiesto que el juzgamiento a los criminales del Proceso no será un camino sencillo y que será utilizado para poner a prueba la solidez del gobierno. Las amenazas del agro, la presión de los formadores de precios, la actitud reaccionaria de buena parte de las jerarquías eclesiásticas o la reivindicación oportunista de la mano dura ponen a prueba de manera constante esta "salida del infierno". Son los sectores de siempre que procuran encontrar una hendija que les permita minar las bases del consenso del presidente y retornar a las políticas de protección de la inequidad y el privilegio.

En el ámbito político, el presidente construyó una mayoría parlamentaria, alcanzó desde la obra pública una convivencia pacífica con los caudillos territoriales de la vieja maquinaria duhaldista y avanzó en un lento fortalecimiento de su fuerza propia, en la que también se albergan contradicciones diversas.

El alineamiento mayoritario de la vieja estructura de poder pejotista, sin embargo, no debe llamar a engaño, en la medida en que muchos de sus protagonistas mantienen prácticas y vínculos propios de la Argentina que procuramos dejar atrás y que, supeditado su respaldo a la solidez del gobierno, constituyen una fuerza que puede condicionar las reformas, defender viejas lealtades y limitar y restringir la capacidad de maniobra presidencial en la hipótesis de transitar aguas no tan propicias.

Por ello, de cara a las próximas elecciones, que el presidente Kirchner consiga acertar con las candidaturas en los principales distritos y conservar su condición de principal elector no es un dato menor. Es desde esa condición que podrá plantearse consolidar su hegemonía, debilitar aún más aquellas viejas lealtades y brindar señales inequívocas de cambio en aquellos distritos del conurbano en que el Frente Para la Victoria esté en condiciones de erigirse en alternativa de gobierno.

En ese contexto, quienes apuestan a la recomposición del proyecto nacional y popular y quienes, en un sentido más amplio, exhiban una actitud progresista y transformadora, estén alineados o no con el Presidente, tienen por delante el desafío de no resignarse a ser espectadores o comentaristas, de asumir su protagonismo para llevar adelante transformaciones concretas, que excedan lo estrictamente testimonial y que signifiquen no sólo más calidad institucional, sino fundamentalmente fortalecer la participación y la organización popular y solidaria.

(*) Alfredo Fernández es concejal del bloque del Frente para la Victoria de Lomas de Zamora.

 

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