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El
8 de febrero entró en vigencia la ley provincial
que dispone que la labor de jueces y fiscales
bonaerenses será controlada por la Suprema
Corte y la Procuración provincial. La evaluación
será luego publicada en los sitios web
oficiales de ambos organismos.
En
caso de que el resultado del control no sea satisfactorio,
la Corte deberá intimar al magistrado a
mejorar su productividad; pero si persistiera
en su conducta, podría recibir sanciones,
entre ellas, el inicio de un jury ante la acumulación
de llamados de atención.
La
Corte deberá realizar inspecciones a los
tribunales para analizar: la duración de
los procesos y cada una de sus etapas, el cumplimiento
de los pasos establecidos para el dictado de resoluciones,
la carga de trabajo, congestión y asuntos
pendientes y la asistencia al lugar de trabajo
del juez y sus empleados.
Estas
mismas atribuciones tendrá la Procuración
con relación a fiscales y defensores.
Este
proyecto fue impulsado por la administración
de Felipe Solá con la idea, según
se indicó, de mejorar el funcionamiento
de la Justicia. Y con ese fin, la Corte deberá
establecer "indicadores de gestión"
-como cantidad de audiencias y cumplimiento de
plazos, entre otros- que deberán cumplir
los magistrados para no ser objetados.
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