Semanario Político de la Tercera Sección

- Opinión -

HERMINIO IGLESIAS
Murió un peronista al que el Justicialismo le importaba "un comino"
Fue intendente de Avellaneda, lideró los destinos del PJ en la vuelta de la democracia y estuvo sentado en la legislatura nacional. En sus últimos años renegó por haber sido olvidado por la cúpula peronista. Herminio Iglesias, el hombre que pasó a la historia por una frase y por un cajón quemado

Por Ricardo Carossino
Ricardocarossino@politicadelsur.com.ar

"No vamos a acompañar a (Carlos) Ruckauf, por ahora vamos solos. A mí el Justicialismo me importa un comino. Pero bueno, si (Eduardo) Duhalde se abre y me llama...", esto decía hace seis años, a un medio nacional, Herminio Iglesias, "justicialista y trabajador", como rezaba el spot publicitario de 1983 con la vuelta de la democracia.

Ese peronista de raza, de Avellaneda, murió el pasado viernes 16 de febrero a los 77 años, por el arbitrario antojo de una descompensación cardíaca y renal mientras estaba internado en el Instituto Cardiovascular de la Fundación Favaloro. Sus restos fueron velados en el Palacio Municipal de Avellaneda, en el Salón de Actos "Eva Perón".

Un hombre a veces elige cómo quedar en el recuerdo, cómo pasar a la historia, pero otras no. No se sabrá jamás cuál fue la intención de "Herminio", un nombre que se convirtió en una marca registrada dentro de la política argentina. Lo cierto es que se lo recordará, inevitablemente, como quien quemó un cajón con las siglas de la UCR, como quien dijo "conmigo o sinmigo" y como quien sentenció que se debía trabajar "las 24 horas del día y también de la noche".

Su gran pergamino, a modo de título de carrera, era, si duda, la foto que tenía en el living de su casa, del año 70, cuando quedó retratado junto a Juan Domingo Perón en un jardín madrileño. Pero Herminio fue algo más que una foto. Llegó a secretario general del partido, a intendente de avellaneda, a candidato a gobernador bonaerense y a diputado nacional.

Cuando ciertos rencores lo cercaron, no dudó en disparar contra Eduardo Duhalde, Antonio Cafiero y Carlos Ruckauf, señalándolos como quienes se habían olvidado de los peronistas como él. "El Justicialismo se ha privatizado -dijo en un reportaje de Clarín-. ¿Qué voy a hacer ahí? Si en las internas de Avellaneda se robaron todo. Pagaron por los votos, acomodaron los resultados y está manejado por esos tipos que se creen dueños de todo."

¿Se refiere a Duhalde, a Cafiero?, preguntó el cronista de la época. "A todos ellos -respondió Herminio-. Deberían llamar a los peronistas en vez de buscar alianzas con los Beliz o los Alsogaray. Pero claro, ahora la unidad del partido depende de los negocios, no de la lucha."

Sobre el otro icono de un pejotismo tal vez demasiado heterogéneo, como fue Carlos Saúl Menem, Iglesias, aunque dijo no haber estado de acuerdo con algunas políticas de los noventa, no renegó de respetarlo: "El menemismo no existe. No existe nada después de Perón, pero respeto a Menem".

El juicio de la historia, se sabe, alcanza a todos, tarde o temprano, y a Herminio, en realidad, lo alcanzó apenas terminaba el recuento de votos de las elecciones de 1983, cuando el Justicialismo perdía por primera vez con el radicalismo en una elección nacional sin proscripciones.

Algunos pretenden encontrar en un comportamiento de Herminio la causa de esa derrota, aunque ésa sería una lectura tan liviana que sólo apuntaría a un ataque personal. Sin embargo, el entonces candidato a gobernador bonaerense del PJ se hizo cargo de quemar el cajón. "Fue una pelotudeada", expresó alguna vez.

En 1987 fue expulsado del PJ junto a Tomás de Anchorena y a Lázaro Rocca, un ex laborista, por presentar una lista opuesta a la oficial de Antonio Cafiero, aunque Herminio aseguró que se iba por propia decisión, "imposibilitado de compartir nada con socialdemócratas, comandos civiles y marxistas". Durante el último gobierno de Perón, entre 1973 y 1976, ganó la intendencia de Avellaneda y entre 1985 y 1989 ocupó una banca de diputado nacional, tras lo cual fue elegido (1991 a 1999) concejal.

De su vecino de Lanús, Manuel Quindimil, supo decir: "Leí que Quindimil dijo que hay que jugarse por Cafiero. Si Quindimil nunca se jugó por nadie". Sin embargo, el veterano líder que ahora intenta ir por otro mandato como intendente afirmó, ante el fallecimiento de Herminio: "Nunca claudicó en la lucha por la causa nacional y popular, es la despedida de un compañero de lucha, un hombre de la resistencia peronista que tuvo incidencia en la vida del justicialismo y en el desarrollo político del país".

Si bien del represor de la Bonaerense, Ramón Camps, sostuvo: "No tengo ningún inconveniente en decir que lo visito. A mí me combaten por eso. A mis amigos los voy a elegir yo, no el periodismo", es también cierto que en el documento de denuncia de la represión de la última dictadura militar entregado a la Comisión de Derechos Humanos de la OEA las firmas fueron de Raúl Alfonsín, Deolindo Felipe Bittel y Herminio Iglesias. Por su parte, los correligionarios tampoco olvidan el pacto de no agresión con Juan Manuel "Cachi" Casella con la intención de evitar peleas sangrientas en una puja electoral en Avellaneda.

Fue en sus últimos años cuando renegó del partido al que le había entregado el cuerpo, aunque nunca tuvo un solo reclamo hacia el Movimiento al que le había entregado el alma, y supo hacer suya la frase creada por el fallecido escritor Osvaldo Soriano: "Yo nunca fui político, siempre fui peronista".

 

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