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Carlos
Auyero fue abogado y político, quizás
el talento más claro del pensamiento humanista,
cristiano y progresista. Militante de la Democracia
Cristiana, fue diputado provincial (1963-1966)
y diputado nacional (1973-1976 y 1985-1989). Fue
convencional constituyente en 1994. Falleció
en 1997, cuando era integrante de la conducción
nacional del FREPASO. De él dijo uno de
los intelectuales más destacados de la
Argentina, José Pablo Feinman: "Auyero
fue un político tan único, tan original
y osado que se atrevió a trabajar no desde
certezas absolutas, desde garantismos que pueden
venderse como vidrios de colores, sino desde la
incertidumbre".
El
autor de La sangre derramada también agregó,
sobre el político cristiano: "No fue
peronista, pero no fue gorila. No fue socialista,
pero no fue macartista. Luchó en las más
ásperas zonas de la política, pero
no perdió el respeto por el otro. Creyó
en la democracia, pero no le adosó el liberalismo
de mercado. Fue un humanista, pero no perdió
su fe religiosa, su compromiso con lo sacro. Se
hundió en el fragor de las internas partidarias,
pero no se marginó de una concepción
amplia de lo político".
En
su acercamiento con la plana mayor intelectual,
Auyero se permitió experimentar en la revista
La Mirada, con José Nun, Beatriz Sarlo,
Horacio González, Carlos Altamirano y otros
que lo rodearon, entre el reconocimiento y la
crítica.
En
el Frente Grande, en el Frepaso, en la Alianza,
ocupó un lugar de segundo plano, un lugar
de construcción interna, de edificación
política y conceptual. Todos lo sindicaban
como "un político decente".
De
él también dijo Nora Cortiñas,
de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora:
"Lo quería mucho porque fue un caballero
de la política". Palabras más,
palabras menos, las mismas que en boca de ella
se reproducen en las crónicas que el 17
de abril de 1997 dieron cuenta de muerte del dirigente
del Frepaso.
En
un país en el que la mayoría no
resiste al archivo, esa virtud, la de la coherencia,
fue precisamente la que rescató la mayoría
de quienes fueron anoche a homenajear a Auyero.
Una
noche, hace diez años, Carlos Auyero contempló
indignado el triste resultado de una política
de ajuste impiadosa que dejaba en la desocupación,
la pobreza y el olvido a grandes sectores de la
población. En Neuquén, la represión
policial a trabajadores que cortaban la ruta dejó
como saldo el asesinato de una de las manifestantes.
Se trataba de Teresa Rodríguez.
Ante
la insensibilidad de los gobiernos nacional y
provincial de entonces, que calificaron a los
manifestantes como subversivos, Auyero definió
contundentemente la situación manifestando
que "esa gente joven que hemos visto en televisión
no quiere cambiar el mundo. Lo que quieren es
volver a entrar al mundo, y los mayores sólo
quieren regresar al trabajo decente".
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