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El
trabajo infantil es dañino de por sí,
y el daño se agudiza cuando está
asociado con el peligro o la explotación.
El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia
(UNICEF) utiliza cinco criterios para definir
las prácticas laborales abusivas o perjudiciales
durante la niñez: trabajo a tiempo completo
a muy temprana edad; jornadas laborales demasiado
extensas; tareas que imponen estrés físico,
social o psicológico; pago inadecuado;
limitado acceso a la educación.
Teniendo
en cuenta estos criterios, podemos mencionar numerosas
actividades desarrolladas por los niños
que son altamente nocivas para ellos: las tareas
realizadas en espacios inadecuados, con iluminación
insuficiente, escasa o nula ventilación,
tecnología precaria y escasos o nulos lapsos
de descanso; los trabajos en los que deben llevar
cargas superiores a las recomendadas para su peso
y edad; las actividades desempeñadas con
sobreexposición a las radiaciones solares,
al calor y en muchos casos -como en la horticultura
y floricultura- a químicos de alta toxicidad.
Un
buen ejemplo de trabajo frecuentemente por realizado
por niños es la recolección de residuos.
Los niños que realizan esta actividad lo
hacen a la intemperie, muchas veces en largas
jornadas. Además, mientras seleccionan
y clasifican los desperdicios comercializables,
se encuentran expuestos a lastimaduras con elementos
cortantes, a posteriores infecciones a causa de
ellas y a diversos elementos contaminantes.
Pueden
observarse ejemplos similares en niños
que trabajan en la industria del calzado, en la
que utilizan pegamentos en lugares pequeños
y carentes de ventilación.
En
todos los casos, el trabajo de los niños
potencia y amplifica la vulnerabilidad y los padecimientos
que les imponen las condiciones en que viven.
El trabajo contribuye a conspirar contra su desarrollo
personal, ya que entra en conflicto con la educación
y sus logros en el aprendizaje, así como
con el juego y el esparcimiento. Esto sucede porque
el tiempo que los niños utilizan para trabajar
es tiempo robado a esas actividades educativas
y recreativas.
El
trabajo infantil perturba el crecimiento saludable
de los niños, lo cual afecta no sólo
su presente sino también sus posibilidades
de desarrollo, limitando así sus oportunidades
en el futuro. En el largo plazo, conduce al retraso
escolar o al abandono del sistema educativo, a
menores ingresos en la vida adulta, al acceso
a trabajos no calificados y a la reproducción
de las condiciones de pobreza que originaron su
prematura inserción laboral.
Sea
cual fuere el punto de vista desde el cual se
enfoque la problemática del trabajo infantil,
nunca debe olvidarse que el niño que trabaja
lo hace por obligación.
Por
esta razón debemos hacer todos los esfuerzos
posibles a fin de rescatar para ellos el derecho
a no trabajar, es decir, el derecho a ser niños.
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