Semanario Político de la Tercera Sección

- Opinión -

TRABAJO
Un millón y medio de chicos trabajan en la Argentina
En la gran mayoría de los casos, el ingreso temprano en el mercado laboral guarda estrecha vinculación con la problemática de la pobreza y con las estrategias de supervivencia a que deben recurrir los grupos familiares de los sectores de la sociedad que no disponen de los medios necesarios para asegurar la satisfacción de sus necesidades básicas.


El trabajo infantil es dañino de por sí, y el daño se agudiza cuando está asociado con el peligro o la explotación. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) utiliza cinco criterios para definir las prácticas laborales abusivas o perjudiciales durante la niñez: trabajo a tiempo completo a muy temprana edad; jornadas laborales demasiado extensas; tareas que imponen estrés físico, social o psicológico; pago inadecuado; limitado acceso a la educación.

Teniendo en cuenta estos criterios, podemos mencionar numerosas actividades desarrolladas por los niños que son altamente nocivas para ellos: las tareas realizadas en espacios inadecuados, con iluminación insuficiente, escasa o nula ventilación, tecnología precaria y escasos o nulos lapsos de descanso; los trabajos en los que deben llevar cargas superiores a las recomendadas para su peso y edad; las actividades desempeñadas con sobreexposición a las radiaciones solares, al calor y en muchos casos -como en la horticultura y floricultura- a químicos de alta toxicidad.

Un buen ejemplo de trabajo frecuentemente por realizado por niños es la recolección de residuos. Los niños que realizan esta actividad lo hacen a la intemperie, muchas veces en largas jornadas. Además, mientras seleccionan y clasifican los desperdicios comercializables, se encuentran expuestos a lastimaduras con elementos cortantes, a posteriores infecciones a causa de ellas y a diversos elementos contaminantes.

Pueden observarse ejemplos similares en niños que trabajan en la industria del calzado, en la que utilizan pegamentos en lugares pequeños y carentes de ventilación.

En todos los casos, el trabajo de los niños potencia y amplifica la vulnerabilidad y los padecimientos que les imponen las condiciones en que viven. El trabajo contribuye a conspirar contra su desarrollo personal, ya que entra en conflicto con la educación y sus logros en el aprendizaje, así como con el juego y el esparcimiento. Esto sucede porque el tiempo que los niños utilizan para trabajar es tiempo robado a esas actividades educativas y recreativas.

El trabajo infantil perturba el crecimiento saludable de los niños, lo cual afecta no sólo su presente sino también sus posibilidades de desarrollo, limitando así sus oportunidades en el futuro. En el largo plazo, conduce al retraso escolar o al abandono del sistema educativo, a menores ingresos en la vida adulta, al acceso a trabajos no calificados y a la reproducción de las condiciones de pobreza que originaron su prematura inserción laboral.

Sea cual fuere el punto de vista desde el cual se enfoque la problemática del trabajo infantil, nunca debe olvidarse que el niño que trabaja lo hace por obligación.

Por esta razón debemos hacer todos los esfuerzos posibles a fin de rescatar para ellos el derecho a no trabajar, es decir, el derecho a ser niños.

 

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