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Hay
sectores que, como dice el Presidente, deben hacer
su autocrítica ante el pueblo argentino:
la Iglesia Católica y la prensa son ejemplos
de una añeja complicidad con los factores
del poder concentrado y cinismo renovado.
Por
supuesto que es conveniente no generalizar; hacerlo
sería poco inteligente.
Pero tampoco es sano tragarse las grageas o los
sapos que la patria periodística pretende
hacernos comer, como las viejas madres que nos
hacían abrir la boca para que tomáramos
la sopa; cierta clase media de identificacion
gorila (de derecha o izquierda) cree que leyendo
La Nacion o Perfil adquiere compromiso ciudadano.
Desde los olvidos de Majul o Tenenbaum del pasado
contrabandista de Mauricio que es Macri, pasando
por la ternura con que Magdalena trata a Chiche
Duhalde o a cualquier opositor al gobierno nacional
, o los cómplices silencios de Morales
Solá o Castro con la pronosticadora de
tormentas éticas y ex funcionaria de la
dictadura Lilita Carrió, los columnistas
de izquierda antikirchnerista de Grondona hasta
las cruzadas moralizadoras de Perfil, que fue
"La Semana" del Proceso o mostró
la pornografía de los nuevos ricos del
menemismo desde Caras, son muestras de la supuesta
independencia de la corporación empresarial
periodística que reclama por pauta publicitaria
oficial.
En
el nivel local, también son viejas las
quejas por la pauta municipal, sobre todo a partir
de la aparición de los suplementos regionales.
Lo cierto es que merecería debatirse el
significado que dichos recursos tienen... ¿deben
ser destinados para publicitar los actos de gobierno
o para mantener subsidiada con recursos públicos
a la prensa local? Las complicidades y distorsiones
son obvias; basta ver algún noticiero televisivo
local que, más allá del intendente
de turno se especializa en renovar la leyenda
del diario de Yrigoyen en Lomas de Zamora.
Acaso
sea urgente la necesidad de debatir entre los
involucrados, postergando los clásicos
ágapes a la prensa local, cómo se
distribuye la pauta publicitaria oficial que comunica
actos de gobierno y que necesita que quienes lo
hacen a través de sus medios garanticen
un público medianamente importante como
para justificar esos desembolsos de dineros públicos.
De
no ser así, los caprichos y la discrecionalidad
seguirán imperando (de uno y de otro lado).
Walter
Besuzzo
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