Semanario Político de la Tercera Sección

- Opinión -

 
OPINION
De Rodolfo Walsh al fideicomiso de Perfil - Por Walter Besuzzo

Hay sectores que, como dice el Presidente, deben hacer su autocrítica ante el pueblo argentino: la Iglesia Católica y la prensa son ejemplos de una añeja complicidad con los factores del poder concentrado y cinismo renovado.

Por supuesto que es conveniente no generalizar; hacerlo sería poco inteligente.
Pero tampoco es sano tragarse las grageas o los sapos que la patria periodística pretende hacernos comer, como las viejas madres que nos hacían abrir la boca para que tomáramos la sopa; cierta clase media de identificacion gorila (de derecha o izquierda) cree que leyendo La Nacion o Perfil adquiere compromiso ciudadano. Desde los olvidos de Majul o Tenenbaum del pasado contrabandista de Mauricio que es Macri, pasando por la ternura con que Magdalena trata a Chiche Duhalde o a cualquier opositor al gobierno nacional , o los cómplices silencios de Morales Solá o Castro con la pronosticadora de tormentas éticas y ex funcionaria de la dictadura Lilita Carrió, los columnistas de izquierda antikirchnerista de Grondona hasta las cruzadas moralizadoras de Perfil, que fue "La Semana" del Proceso o mostró la pornografía de los nuevos ricos del menemismo desde Caras, son muestras de la supuesta independencia de la corporación empresarial periodística que reclama por pauta publicitaria oficial.

En el nivel local, también son viejas las quejas por la pauta municipal, sobre todo a partir de la aparición de los suplementos regionales. Lo cierto es que merecería debatirse el significado que dichos recursos tienen... ¿deben ser destinados para publicitar los actos de gobierno o para mantener subsidiada con recursos públicos a la prensa local? Las complicidades y distorsiones son obvias; basta ver algún noticiero televisivo local que, más allá del intendente de turno se especializa en renovar la leyenda del diario de Yrigoyen en Lomas de Zamora.

Acaso sea urgente la necesidad de debatir entre los involucrados, postergando los clásicos ágapes a la prensa local, cómo se distribuye la pauta publicitaria oficial que comunica actos de gobierno y que necesita que quienes lo hacen a través de sus medios garanticen un público medianamente importante como para justificar esos desembolsos de dineros públicos.

De no ser así, los caprichos y la discrecionalidad seguirán imperando (de uno y de otro lado).

Walter Besuzzo

 

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