|
En
los últimos días, y con motivo de
la conmemoración del día del periodista,
en uno de los tantos agasajos que la clase política
nos ha destinado a los medios, se ha vuelto a
escuchar la clásica queja sobre la "bendita"
pauta publicitaria.
Al
respecto creo necesario puntualizar algunas cosas:
desde que Eduardo Duhalde dejó la intendencia
lomense y luego durante su gobernación
bonaerense, la pauta publicitaria permitió
muchos milagros, por ejemplo, haber transformado
a muchos, sin paso previo por casas de estudio,
en periodistas, sin tener necesidad de acreditarlo.
Algo similar ocurrió desde la oficina de
prensa del gobierno bonaerense, también
desde la Cámara de Diputados provincial,
por entonces en manos de Osvaldo Mercuri, e incluso
desde la Lotería provincial en manos del
actual intendente Jorge Rossi. En ese entonces
era posible la "justa distribución
de la pauta publicitaria".
No
se trató, en muchísimos casos, de
ser un buen informador, tener un medio presentable
o simplemente que alguien se enterara de esa labor,
sino de saber practicar las artes del cortesano.
Si hasta ha habido casos -de algún ex director
de un medio local- que pasó sin escalas
a ser agente de prensa del gobernador o su señora.
Durante
el (des)gobierno de la Alianza ocurrió
lo mismo; los medios locales sufrimos novísimas
transformaciones.
Protestar,
gemir, quejarse por la pauta, no es signo de madurez;
en todo caso, la arbitrariedad o no de su distribución
en manos del gobierno de turno tuvo su correspondencia
en muchos que aceptamos la pauta como difusión
de actividades o reportajes encubiertos.
Seguro
que caerá sobre este artículo una
catarata de indignación por explicar realidades,
debilidades, o mi auténtica convicción.
Creo que, en vez de asistir a comidas de agasajo,
deberíamos, los medios locales, darnos
un debate sincero.
Alejandro
Cooper
|