Semanario Político de la Tercera Sección

- Opinión -

OPINION - POLITICA SOCIALES
Rumbos compartidos Caminos divergentes - por Mario Marolla
No hace tanto tiempo, una voz alerta y decidida, y no precisamente generosa con los explotadores apologistas de la globalización, arremetía contra lo que juzgaba su falacia descomunal: la desaparición de un mundo en el que el trabajo y su contracara, el desempleo: "carece de contenido y millones de vidas son destruidas y sus destinos aniquilados".

Viviane Forester -de quien hablamos- suscribiría un juicio definitivo. "Descubrimos que hay algo peor que la explotación del hombre: la ausencia de explotación por la que los seres humanos, nuestra especie, en suma, sea considerada superflua y así no explotable."
Casi una excusa de la biología. Y lo peor, su segunda naturaleza, consagratoria del horror económico, del cinismo mismo.


Desde el último cuarto del siglo XIX, la condición de los pobres y menesterosos preocuparía cada vez más a los sectores dominantes de nuestra sociedad. La adjetivación se correspondía con la prolijidad casi victoriana con la que aquellos disimulaban culpógenamente las consecuencias desgraciadas de su modelo de sociedad elitista, ensimismada y ahogada en las vanidades iluministas del progreso y de las luces; tan cerca de "la invención de la Argentina", del Estado moderno blanco-europeo, como lejos de sus aborígenes, expropiados a punta de Remington, cercados por una zanja infinita y prematuramente excluidos de la naciente civilización ya voceada por la generación del 37 -en el Dogma Socialista- y después por el Alberdi de Las Bases e implementada y cumplida por Julio A. Roca, luego el Sarmiento ensayista y presidente y más tarde por el inefable general sin batallas, Bartolomé Mitre…

Es que, rigurosamente, venían a cumplirse "las escrituras" del día fundacional para el morenismo perdurable "de la gente decente y perdurable", más explícito en el propio Sarmiento que las canonizara: "Cuando decimos pueblo, entendemos los notables, activos, inteligentes: clase gobernante. Somos gentes decentes. Patricios a cuya clase pertenecemos nosotros, pues no ha de verse en nuestra Cámara ni gauchos, ni negros, ni POBRES. Somos la gente decente, es decir, patriota".

Así, a los indigentes se sumaría la propia soldadesca desocupada tras las guerras interiores; gauchos transhumantes emblematizados en el "Fierro", que habían puesto las patas en la fuente para "cambiar la historia", a no menos de un año de 1810, aquellos estrepitosos y revolucionarios 5 y 6 de abril de 1811; negros y mulatos mazamorreros, sirvientes y músicos, muchos de ellos recién llegados desde el Brasil y aún esclavos, pese al eufemismo historiográfico que la disimula.

Luego vendrían aquellos miles de inmigrantes europeos que en las cuatro últimas décadas del siglo XIX confluirían en nuestro país como resultado de un "esfuerzo consciente por parte de las elites: la organización nacional para sustituir la vieja estructura, heredada de la sociedad colonial, por una nueva estructura social, inspirada en los modelos de los países avanzados de occidente…y cuyo verdadero plan se basa en sus tres fundamentos:

1- Inmigración masiva
2- Educación universal y obligatoria
3- Importación de capitales y formas de producción modernas.

Como reafirmaría Germani, el propósito principal y explícito de la inmigración no fue solamente poblar el destierro, sino, y sobre todo, "modificar sustancialmente la composición de la población", de la que se desprenderían sus otros aspectos: la educación y la expansión y modernización de la economía.

La literatura, más que la economía, completaría el mejor espejo de los resultados de aquel encomiástico plan en los perfiles más estereotipados -si no grotescos- de sus beneficios, reconocimiento que no abdicaría por los esfuerzos y sacrificios de los enormes contingentes migratorios, desarraigados de sus patrias y generosos en su entrega a un país cuya promesa podría concluir en el propio puerto, no lejos de los conventillos e inquilinatos que precarizarían aún más su propia condición de origen, casi restituyéndolos a la indigencia de los nativos recolonizados.

continuará...

 

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