Semanario Político de la Tercera Sección

- Opinión -

 
OPINION - ALMIRANTE BROWN
La desconocida faceta ecológica de Mariano San Pedro
El Presidente del Concejo Deliberante recurrió a un singular argumento para justificar el ninguneo a la oposición en el reparto de autoridades de comisiones legislativas. La razón expuesta obliga a dos reflexiones.
Por Daniel Bilotta

El Presidente del Concejo Deliberante recurrió a un singular argumento para justificar el ninguneo a la oposición en el reparto de autoridades de comisiones legislativas. La razón expuesta obliga a dos reflexiones.

Una es el potencial riesgo que advierte sobre el hábitat que pretende prohijar en la Legislatura.

La otra, es que hay que remitirse al último Perón para parangonar semejante exotismo. Una comparación que lo opaca. Mariano San Pedro echó mano a una explicación cuanto menos inédita para justificar que la oposición legislativa al gobierno de Rubén Darío Giustozzi fuese literalmente ignorada en el reparto de comisiones legislativas del Concejo Deliberante.

Para justificar que ellas quedasen de forma exclusiva en manos del oficialismo, como dijo a Política del Sur, adujo que "no hemos notado, en estos tres meses, que se haya generado un clima por parte de la oposición para que podamos otorgarle una presidencia".

Habrá que convenir que, dentro de tanta chatura política en la Legislatura, éste no deja de ser un argumento original. Lástima que al breve lapso de encandilamiento en medio de tanta oscuridad le siga la epifanía típica de las estrellas fugaces. O, para decirlo en términos más simples, la chispa del fósforo fallido parece agotarse en ese enunciado.

Pues, puestos a reflexionar sobre el núcleo del asunto, cabría formularse algunas preguntas pertinentes. Una de ellas es saber qué barómetro político guía a San Pedro o si, oriundo de la fértil Pampa Húmeda, se ha guiado apenas con el viejo recurso de untar uno de los dedos índices con saliva y contraponerlo al soplo del viento. La otra, y no menos importante, es establecer si su preocupación por colocar sólo "a gente nuestra" obedece a que advierte algún riesgo para el ecosistema que intenta prohijar desde el Concejo y que lo ha obligado a tomar medidas preventivas. Por caso, pedirle a Ramón Valdez del PRO que no se sume a la ya de por sí hipertrofiada bancada del Frente para la Victoria para guardar alguna forma de pudor.

Al menos, Valdez ha sido más original que Alejandro Torres y Andrea Capasso. Se reivindicó peronista y no recurrió a santurronas razones de supuesto corte doctrinario para hacer públicas las simpatías por algunas iniciativas del Departamento Ejecutivo. El suyo ha sido, en un sentido efectivo, el aporte más sustancioso de un aliado por preservar el delicado equilibrio del hábitat legislativo que de modo alguno puede comprometer la oposición.

Sacrificios de este porte deberían devolver cierta confianza relativa en la clase política. Algunos, cuanto menos, exhiben vergüenza -si no escrúpulos- y temen romper el frágil encanto vigilante que la sociedad mantiene sobre su comportamiento.

Hay, sin embargo, un aspecto que merece ser destacado. La faceta ecológica y desconocida hasta aquí del edil concilia parcialmente su suave adhesión al último Perón de los años 70, preocupado de verdad por estas cuestiones.

Ese paso adelante dado por alguien capaz de confesar su voluntad de ser dirigente del peronismo y admitir con brutal franqueza que jamás se ha afiliado a esa fuerza, obliga a una comparación con el extinto líder popular. El abrumador contraste pone las cosas en su lugar y obliga a dirigir la vista, otra vez, sobre el largo languidecer de la democracia expuesta a la acción erosiva de diletantes puestos a dirigentes.


Daniel Bilotta
Vocero de Prensa del PJ de Almirante Brown

 

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