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Por Ricardo Carossino
Ricardocarossino@politicadelsur.com.ar
No había ninguna razón para que una dictadura
militar, que asaltó el Estado democrático en 1976, decidiera
la muerte de 649 hombres en una guerra improvisada.
Las consecuencias de esa aventura nefasta también dejarían
1.068 heridos y provocarían el suicido de 350 hombres
más, hasta el día de hoy, 25 años después de aquella
locura que duró 74 días.
Un general quería salvar su pellejo porque
dos días antes del 2 de abril de 1982, la CGT inundaba
la Plaza de Mayo al grito de “pan, paz y trabajo”. Podía
haber negociado un aumento de sueldo para los trabajadores,
podía haber ofrecido elecciones (que se dieron un año
más tarde), podía haber renunciado como lo haría tres
meses después, sin embargo, eligió la peor de las salidas,
el último recurso, aún para un militar: la guerra.
Leopoldo Fortunato Galtieri, un oficial
“de orden cerrado”, quiso hacer historia y lo que hizo
fue un desastre, una tragedia que todavía sigue generando
protestas, desamparos y sigue arruinando familias. Todavía,
en 2007, hay ex combatientes que luchan por sobrevivir.
Todo se podía haber sido evitado, tal
vez, si una gran parte de la sociedad argentina no hubiera
avalado esta insana costumbre de hacer guerras, agitando
banderitas de plástico en una plaza donde días antes
las Fuerzas Armadas reprimían con violencia una protesta
obrera frente a la desindutrialización nacional que
aún no se ha podido revertir.
Todo se podía haber evitado, quizás, si
una gran parte de la sociedad no hubiera apoyado la
decisión de un gobierno de facto haciendo donaciones
en un patético programa televisivo de Argentina Televisora
Color (ATC). Todo se podía haber evitado, o no, si gran
parte de la Argentina no hubiera creído que era derecha
y humana.
Tal vez no hubiera avanzado la idea de
la última dictadura militar sin el apoyo explícito de
los medios de comunicación, como el diario La Razón
que publicaba el viernes 2 de abril, subiéndose a un
patriotismo falso e hipócrita: “Hoy es un día glorioso
para la patria. Tras un cautiverio de un siglo y medio
una hermana se incorpora al territorio nacional”.
Bañados en un triunfalismo esquizofrénico
y repentino, la junta militar y una parte de la sociedad
que acataba sus propagandas como mensajes divinos, (cual
la Alemania nazi), enviaron a cientos de jóvenes que
no habían cumplido los 20 años de vida, a una muerte
casi segura.
“Nos tuvimos que hacer los muertos para
que pasaran. No teníamos experiencia de combate, tirábamos
a boca de jarro y estábamos débiles porque hacía mucho
que no comíamos”, cuenta a Página 12 José Luis Guirao,
un sobreviviente de la batalla de Monte Langdon, y agrega
Luis Quinteros (otro sobreviviente): “Era todo improvisación.
A cada disparo se nos hundía la base del mortero un
metro en la tierra ¡Era del año 1940!”.
Los civiles argentinos que eran obligados
por el Estado a cumplir con el Servicio Militar no habían
tenido una instrucción de guerra, apenas si se los llevaba
a un polígono de tiro una sola vez para disparar sólo
10 veces en todo un año.
Si la instrucción militar, como tal, era
patética antes del conflicto, durante la guerra desnudó
su condición de precaria y absurda porque, por citar
un ejemplo, la clase 1963 del Regimiento 1 de Infantería
Patricios, solo fue una vez más a un polígono de Campo
de Mayo, a disparar 10 municiones con armas (FAL y FAP)
que se trababan cada dos o tres disparos, y ametralladoras
Colt, de la primera guerra mundial, que necesitaban
refrigeración con agua.
Quién escribe (que prestó servicio como
soldado en Patricios) le preguntó a un oficial durante
un descanso de esa inútil instrucción de tiro: ¿Vamos
a ir a Malvinas con estas armas?, a lo que el militar
respondió: “Con cuchillos de cocina si es necesario”.
Se hizo una guerra contra una de las cuatro
potencias mundiales de ese entonces (Gran Bretaña),
en la que se hubiera enviado a pelear a chicos de 19
años con “cuchillos de cocina”, para salvar el privilegio
de un grupo de militares que obedecía a sectores económicos
que buscaban desmembrar el movimiento obrero con la
intención de aumentar sus arcas.
A tal extremo de delirio se había llegado
en la Argentina de 1982, que durante un conflicto bélico
se envió a un equipo de fútbol a un mundial en Barcelona,
y se hizo un recital de rock en Obras Sanitarias para
que “los pibes no pasen hambre”.
Y después, la dictadura militar intentó
ocultar la derrota y la democracia, la guerra. Aunque
la verdad se impone por sí misma en cada ex combatiente
desocupado, suicidado, con pesadillas y sin seguro social
y contención política.
Hace solo unos días, el pasado 13 de marzo,
veteranos Rosario realizaron una protesta en la sede
local del Pami, por la decisión del gobierno nacional
de quitarle la cobertura médica del instituto y pasarlos
a una obra social privada. La decisión, según dijo Rubén
Rada, presidente del centro de ex combatientes, la tomó
el ministro del Interior, Aníbal Fernández.
Lo que los ex combatientes temen es que
el pase a una obra social privada implique mayores dificultades
para tener cobertura de las prestaciones médicas que
necesiten y dijeron que hay protestas en todo el país.
Rada manifestó especial preocupación por
los veteranos del interior del país. “Porque en las
ciudades es una cosa. Pero quisiera saber si, por ejemplo,
a un compañero de Charata, Chaco, le van a dar la cobertura
que necesita”, afirmó.
La estafa social y la mentira
No pasó mucho tiempo, tampoco, para que
esos militares que decían representar representar el
honor nacional, también se descubrieran como traidores
a todos los soldados que pelearon en las Islas Malvinas,
al saberse que muchas de las donaciones nunca se usaron
para la guerra, sino que fueron destinadas a engrosar
el patrimonio personal de estos estafadores con charreteras.
Apenas pasados unos días de la finalización
del conflicto, en el regimiento porteño de Patricios,
se descargó un inmenso tren de carga con miles de raciones
de comida sin tocar, miles de cartones de cigarrillo
sin fumar, cientos de bolsas de papas y fiambres sin
comer, decenas de guitarras sin enviar, varios televisores
y hasta unas cinco motos de cross, que quedaron, vaya
uno a saber, para quién.
Igual suerte corrieron millones de cartas
que fueron arrojadas a los enormes tachos verdes de
Manliba con palabras que muchos soldados muertos de
frío, en sus pozos de zorro, esperaron infructuosamente
cada día, ansiosos para saber que alguien se acordaba
de ellos. Algunos, incluso, murieron sin recibir un
último “te quiero” escrito por sus padres y sus novias.
Todo fue una farsa, una gran estafa a
la sociedad, una verdadera locura de una junta militar
delirante que costó 999 muertes, entre 326 en las islas,
323 del hundimiento del crucero General Belgrano y 350
suicidios de postguerra por la falta de atención del
Estado.
Hoy nos queda un recuerdo molesto del
engaño, pero no podemos olvidar jamás a quienes murieron
en las Islas y a quienes tuvieron la suerte de volver,
verdaderos héroes, no sólo de una guerra inútil, sino
de una época de hipocresías sociales, de poderes corruptos,
de indiferencias estatales, de desaparecidos, de torturas
y de golpes de Estado.
Y nada de eso se puede olvidar, ni el
24 de marzo de 1976 ni el 2 de abril de 1982, dos tristes
fechas para recordar la infamia de algunos seres humanos
que se creyeron Dios al decidir la muerte de tantos
argentinos que solo querían vivir con dignidad.
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Reseña del conflicto
del Atlántico Sur
Una fuerza de tareas quedó dispuesta para
el asalto del día 1 de abril a última hora. La misión
de la misma establecía la reducción de la resistencia
armada de la isla, constituida por 68 Infantes de Marina
del Destacamento de la Marina Real Nº 8901, más algunos
irregulares voluntarios pertenecientes a la población
local, la ocupación de Puerto Stanley, y la toma del
aeródromo para permitir el abastecimiento de las Islas
con medios aéreos propios. Y por último la instalación
de un gobierno militar argentino en el archipiélago.
A las 0.30 horas del día 2 de abril se
inició el desembarco en la zona de Puerto Enriqueta,
4 kms. al Sur de la capital de las islas donde los Comandos
Anfibios de la Armada iniciaron su marcha hacia las
barracas de los marines británicos en Moody Brook.
Tres horas más tarde hacían lo propio
los buzos tácticos desembarcados del submarino A.R.A.
Santa Fe en las proximidades del Cabo San Felipe, con
la tarea de tomar el faro de ese lugar y preparar el
desembarco del Transporte Cabo San Antonio. La maniobra
resultó exitosa, ya que hubo solamente una débil resistencia,
la cual se tradujo en tres bajas propias, aunque no
se infringió ninguna baja al enemigo, tal como lo establecieron
los criterios operacionales impuestos por el Comité
Militar.
Iniciados los combates que se prolongan
durante 45 días, se produce el hundimiento del crucero
ARA General Belgrano al sur de Malvinas, por parte del
submarino nuclear britanico Conqueror al comienzo de
las hostilidades engrosa en 323 las bajas que al finalizar
la guerra representarán en conjunto para ambos bandos
la pérdida de cerca de 900 hombres.
El 27 de abril, mas de veinte días después
de haberse iniciado la ocupación de las islas desembarca
la primera compañía de comandos. Es la 601 estructurada
en tres secciones y compuesta por cerca de 60 efectivos.
El 30 de abril sus secciones son aerotransportadas
hacia sus primeras misiones de exploración y control
en la península de Frecynet a fin de desactivar un faro,
al asentamiento de Fitz Roy para un control poblacional
y hacia la Puerto Howard isla Gran Malvina en búsqueda
de una posible emisora clandestina. Pocas horas mas
tarde se produce el primer ataque aéreo británico.
Caída de Puerto Argentino
El día 12 el gobernador militar Mario
Benjamin Menéndez impone de la crítica situación al
comando en Comodoro Rivadavia para ser retransmitido
a la Junta Militar. El 14 de junio quebradas las últimas
líneas defensivas de la infantería que debe replegarse
en medio de un desorden generalizado se produce la rendición
de las fuerzas argentinas en Malvinas la que es formalizada
por Gral. Menéndez ante el Gral. británico Jeremy Moore.
lo cual pone fin al conflicto armado pero no al litigio
de soberanía que perdurará todavía a comienzos del siglo
XXI.
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ROBERTO
PICCARDI - EX COMBATIENTE DE MALVINAS
"Muchos
creen que reivindicar Malvinas es reivindicar a los
milicos"
A veinticinco años de la gesta
de Malvinas, el presidente del Centro de Veteranos de
Malvinas de Lomas de Zamora recuerda lo ocurrido. El
orgullo de ser ex combatiente.
Durante una entrevista realizada
en el programa radial "Diario del Sur", Roberto
Piccardi, presidente del Centro de Veteranos de Malvinas
de Lomas de Zamora, habló de la realidad que
viven hoy los ex combatientes. También recordó
momentos vividos durante el conflicto bélico,
como así también el trato recibido por
la sociedad y la atención prestado por el estado.
¿A 25 años del
conflicto, se sienten reconocidos o ignorados por la
sociedad?
- Sentimos reconocimiento en el nivel sociedad. La gente
nos acompaña, se emociona y nos emociona; por
ejemplo, cuando desfilamos nos gritan cosas, nos aplauden
y se acercan para tocarnos y expresarnos su reconocimiento.
¿En cuanto a los distintos
gobiernos que pasaron, ocurrió lo mismo?
- No. Para que te des una idea la primera pensión
salió en abril del 92', diez años después.
Durante diez años, los veteranos no tuvimos ninguna
obra social, ni ningún tipo de pensión.
Durante el gobierno de (el ex presidente de la Nación)
Carlos Menem, la Junta de Almirantes de la Armada Argentina
decidió incluir, en una acordada de ellos, a
la población de determinada cantidad de buques
como veteranos de guerra, eso hizo que se incrementara
notablemente el padrón de veteranos. Previamente
se había generado un censo para determinar cuántos
veteranos éramos, y si uno va a cualquier diario
de la época, veía que éramos 12
mil los combatientes. Cómo puede ser que ahora
seamos 24 mil, el doble. Eso te marca un poco la pauta.
Hay algo paradójico en
el tema Malvinas. El número de ex combatientes
que se suicidaron es prácticamente similar al
de los que murieron en la guerra, ¿cuál
es tu explicación?
- El tema de los suicidios tiene que ver con el hecho
de que sin obra social ni ningún tipo de apoyo
la mayoría de los muchachos quedaron a la deriva
y sin contención alguna. Cuando volvimos nos
dijeron: "A ver muchachos, los que estén
en condiciones de irse, porque les vamos a dar la baja,
den un paso al frente. El que está enfermo se
queda". Obviamente que te querías ir. Hacía
tres meses que no estabas en tu casa. Dabas el paso
al frente, querías huir de ahí adentro.
Jamás se hizo esa convocatoria, esa revisación
médica general para determinar el tipo de secuelas.
Se les hizo el tratamiento a quienes, como en mí
caso, vinimos heridos. Porque no había otra forma
de salir de allí, si no era muerto o al final
prisionero.
En la actualidad hay una idea
de que en Malvinas hubo dos guerras. Una la que enfrentaron
los soldados, los chicos, en las trincheras y otra la
que vivió la oficialidad, de manera más
cómoda y poco heroica. ¿Vos suscribís
ese pensamiento?
-La guerra fue una sola. Las bombas no distinguían
si tenías tiras o no. Hubo de todo. Hubo gente
que mereció ser respetada. Hoy todavía
muchos creen que reivindicar Malvinas es reivindicar
a los milicos. Yo me pregunto, entonces, por qué
a lo largo de estos 25 años nadie nos señaló
con el dedo por haber torturado o por haber hecho desaparecer
gente. Nosotros no tuvimos nada que ver con eso. Entonces
que se dejen de joder. Hay que separar la paja del trigo,
y que vean que el 2 de abril lamentablemente todos fuimos
manipulados. La victoria tiene muchos dueños,
pero las batallas perdidas ninguno se la adjudica. Y
nosotros fuimos, lamentablemente, los dueños
de la batalla perdida.
A uno le queda la imagen de la
película de Gastón Pauls ("Iluminados
por el fuego") en la que un colimba es estaqueado
por robar comida, mientras el oficial estaba en una
casa con comida y calefacción...
- Se instaló esa película. Y se instaló
como que esa película es el reflejo de Malvinas,
y no es así. Esa no es la verdad, tal vez lo
sea a los ojos de esos muchachos, pueda ser. Pero hay
otra película, que es de un muchacho de Lanús,
que refleja la otra parte, y uno está más
consustanciado con esa película.
Puede ser, ¿pero no hubo
algo de eso, de que los chicos estaban en la trinchera
y los oficiales no?
- Te cuento mi vivencia. A mí y a mi compañero
de pozo nos hieren, veo con dolor a mi compañero
y después veo que yo también fui herido.
Entonces el teniente que teníamos a cargo, en
pleno bombardeo, viene corriendo, se acerca a nuestra
posición porque no podíamos salir y nos
auxilió, agarrándonos de los hombros.
De pronto cae otra bomba, y él es herido. Entonces
no hay que generalizar. Hubo actitudes de algunos personajes
que fueron nefastas, fueron cobardes. Uno jamás
se hubiera imaginado que tipos tan instruidos hayan
actuado de tal o cual manera. Pero también hay
que decir que hubo gente que peleó con valor
y al lado de los soldados y comió la misma porquería
que comimos nosotros.
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CRONOLOGÍA
La historia de una ocupación
*1520 -Esteban Gómez tripulante de la
nave San Antonio de Magallanes, descubre las islas Malvinas.
*1690 -El capitán de la marina británica
John Strong navegó por el estrecho de San Carlos, que
separa las Malvinas, y lo llamó estrecho de Falkland.
*1764 -Francia ocupa las islas. Tras una
serie de protestas diplomáticas los españoles obtuvieron
la soberanía de las Malvinas.
*1765 - Llega una expedición inglesa y
las llama Falkland Islands.
*1770 - Los ingleses abandonan las islas
sin renunciar a su derecho de reasentarse en el territorio.
*1829 - Las Provincias Unidas del Río
de la Plata nombra gobernador de las Islas a Luis María
Vernet quien funda Puerto Luis.
*1833 - Las islas Malvinas son ocupadas
por el comandante John James Onslow al mando de la corbeta
Clio en nombre de Inglaterra, desalojando al capitán
argentino Jose M. Pinedo, a cargo de la gobernación,
y a sus hombres, bajo la amenaza del uso de la fuerza
en forma incruenta.
*1982 - El 2 de abril comenzaba la Guerra
de las Malvinas, los británicos respondieron con una
fuerza expeditiva que desembarcó seis semanas más tarde
y después de duros combates forzaron la rendición argentina
el 14 de junio de 1982.
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Ex combatientes de
Lanús
Entre los 649 argentinos muertos en combate,
nueve eran de Lanús, cuyos nombres son recordados permanentemente
por el centro de Veteranos de guerra.
Pero luego del conflicto, también hubo
otras pérdidas como los 350 suicidios, entre ellos el
de Ignacio Bazán, de Lanús, que el 16 de enero del año
pasado decidió quitarse la vida.
Otro dato aportado por ex combatientes,
refiere a las condiciones en que se encuentra el cementerio
de Darwin donde están sepultados los 649 argentinos
caídos en combate, pero las cruces existentes ya no
lucen tan blancas como antes.
Rubén Ramírez hoy está casado y tiene
dos hijas. En 1982 era uno más en el servicio militar.
Sobre aquel momento recordó: “Cuando preguntaron quiénes
querían ir a Malvinas, los 30 soldados que estábamos
en Comodoro Rivadavia dimos un paso adelante”. Ramírez,
dijo sentir “el mismo orgullo” que aquel día.
Claudio Castro tenía 18 años, llegó el
14 de abril a las islas y fue a Monte London. El 1º
de Mayo comenzó a recibir fuego inglés: “Era una parte
llana de la isla, sufrimos el bombardeo de fragatas
y aviones los días 11, 12 y 13, con eso nos fueron ablandando”.
Precisó que “hubo enfrentamientos cuerpo a cuerpo”,
por lo que se replegaron a Puerto Argentino.
Tulis era de Villa Caraza, tenía 22 años.
Su hermana Cristina recordó que “tras el cese del fuego
se vivió una tensa situación”, y añadió: “Nosotros,
con nuestro armamento, caminábamos por una vereda y
los ingleses por otra, hasta que se resolvió la entrega
de armas y nos encerraron en galpones”. Claudio, fue
con 90 kilos y volvió con 68.
Cristina, sobre aquellos días de incertidumbre,
evocó que estando en casa de sus padres les avisan que
habían herido al Belgrano, “aunque no se hablaba todavía
de su hundimiento”. El listado con los desaparecidos
se conoció ocho días después. La familia buscó información
oficial, pero la misma recién le llegó seis meses más
tarde.
En el Centro de Veteranos de Lanús, los
nombres de los nueve caídos en Malvinas tienen un lugar
de privilegio: Adolfo Luis Cabrera, Miguel Angel Falcón,
Juan Alberto Gómez, Julio Héctor Maidana, Julio Romero,
Néstor Osvaldo Pizarro, Manuel Olveira Argentino Ramírez
y José Alberto Tulis, uno de los 323 argentinos que
murieron tras el ataque al Crucero General Belgrano.
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